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Remedies for the impossible [Priv. Akn]

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Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Jue Mayo 29, 2014 3:01 am

“¿Oye, es verdad lo que dicen, que en Smaraudus todos las personas tienen la piel de un color verde, y le crecen pétalos en las uñas?” preguntaba el pequeño lobo, acostado en la cama. “Si, Sif, así es, pétalos y a veces setas en las entrepiernas y malas hierbas en los pues si no se cuidan los suficiente”

Esa conversación fue la que se le vino a la mente al pisar la ciudad del bosque. Verdosa, fresca. Las columnas se elevaban hacia arriba como pináculos poderosos e imponentes. Alph las miraba esperanzado. Una figura encapuchada lo seguía de cerca y, arrastraba un pequeño carrito de madera tras de sí. Allí dentro, entre las mantas, alguien tosía con fuerza. La encapuchada sacaba una mano peluda y, con ella, consolaba a su hijo enfermo.

Sí, había llegado a la ciudad para ayudar a aquella pareja y, básicamente, después de prometerles varias cosas Alph se había convertido en su “angel de la guarda”. Por debajo de la capucha un hocico asomaba, y al acercarse al chico, le tomó de ambas manos y agradecida, intentaba besar el dorso. Alph se dejó pero no menos incómodo. Una gota surgió de la sien a la par que una sonrisa forzada, atribulada.

No es nada. Vosotros iros a la posada, deja descansar allí a Sif.

Ella afirmó con la cabeza y, se fue arrastrando el carrito de madera, no sin antes girar la cabeza y dedicarle una mirada al ángel. Él avanzó hacia un foro de tiendas que se instalaba en el centro de la ciudad, en una enorme galería protegida por cuatro columnas en cada uno de los vértices de la plaza cuadriculada. Los puestos se organizaban en torno a los jardines herbosos, unos terraplenes algo elevados y rodeados por caminos empedrados de piedra y musgo. Los puestos eran unas tiendillas sencillas, el techo fabricado con ramales y unas pequeñas mesas delimitando encima la mercancías. La muchedumbre se extendía de aquí para allá y, en algunas ocasiones, a Alph lo empujaban y le obligaban a seguir la marea de gente. De vez en cuando se estampaba con un pétalo que protruye del cuello de alguien, y entonces recibía miradas furtivas, rabiosas. Era un extraño allí, ya que, en Smaraudus estaban acostumbrado a las hadas, los alraunes y a las bestias nacidas del bosque. Alph no era nada de eso. Lo peor es que parecía humano.

Recorriendo las intrincadas calles casi laberínticas de la ciudad, preguntando y preguntando, consiguió dar con el camino hacia una pequeña boticaria que, poco a poco, se había hecho un nombre entre los cuidadanos. “Era una mujer hermosa” decían muchos, “Siempre puedes saber donde está, solo tienes que sentir su inconfundible olor” dijo otro, exaltado. No había entendido que quería decir con eso pero, finalmente, encontró una vieja casucha al final de un callejón. Los edificios se elevaban irregulares y torcidos en la metrópolis. Los árboles más altos cubrían el cielo con ramales y era imposible, desde allí, observar el sol y el cielo azul. Pero por la luz que se colaba entre las hojas, allá arriba parecían haces dorados, danzando felizmente entre el verdor inconfundible.

La casita tenía la fachada pintada de blanco, así como el resto de su estructura nívea. Llamaba la atención. Se acercó y, arriba, vio un poste de acero de donde colgaba un cartel con las palabras “Healthy Jelly” trazadas con una caligrafía estilizada, como escritas dulcemente con una pluma larga y afilada.

Empujó la puerta y, en el umbral, repicó una campana. ¡Había llegado un nuevo cliente!
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Jue Mayo 29, 2014 6:13 pm

Durante toda la noche, la Slime estuvo fuera, paseando por el bosque y alrededores, buscando plantas y savia para utilizarlos en sus medicinas. Su propio cuerpo no era suficiente ni beneficiante a grandes cantidades para la gente, por eso se mezclaba en diferentes proporciones. Se aseguro de haber vuelto a su trabajo, que además utilizaba de casa, por la mañana, al amanecer. Nada más entró por la puerta, Boing Poing cayó sobre su cabeza y se hizo semi-líquido. Akn se quejó y se sacudió para que se fuera, así lo hizo, pero deslizándose por todo su cuerpo hasta el suelo. Luego volvió a formarse como gotita azul y se fue saltando hasta encima del mostrador. Ella miró hacia arriba y vio que el techo estaba con un rastro del color de su mascota, menuda manía aquella de pegarse al techo y tirársele a la gente cuando pasaba por el umbral.

-Tengo cosas que ordenar, Boing Poing, no espantes a los clientes.- Le ordenó pasando por encima del mostrador, mosqueada. No sería la primera vez que alguien salía corriendo y perdía un encargo, una venta o una compañía. Había dos puertas separadas por muro que llevaban al mismo sitio, ambas cubiertas por una cortina. Tras ella, se encontraba una gran habitación acogedora, donde Akn mezclaba y clasificaba ingredientes. También pasaba ahí su rato libre, la gente de Smaraudus era muy sana, así que no venía gente todos los días. Akn dejó con ayuda de otros objetos pesados, las plantas que habia conseguido, para ir atándolas con maña, con una cuerdecita que no se pegaba a su cuerpo. De vez en cuando hablaba sola, adoptaba la forma de otro ser y hacía que eran dos personas diferentes, así el aburrimiento de estar días sola se pasaba antes.

-Soy el siñor Akno, incantado.- Se dijo a si misma, habiendo transformado su rostro en el de un hombre bastante afeminado. Iba a responder cuando escuchó el tintineo de la puerta. Boing Poing que había visto entrar a aquel chico que parecía un simple humano, empezó a agitarse poniendo caras y deformándose sin parar, desobedeciendo las órdenes de su dueña. -¡Ois tengo un cliente!- Exclamó Akn emocionada, el primer cliente del día, siempre era como alguien especial. La Slime apareció por la puerta derecha, con su hermoso aspecto femenino, entusiasmada y saludó con las dos manos, agitándolas un poco, pero por suerte, solo manchó el suelo. El interior de la estancia era de madera, el suelo crujía en algunas zonas. Había armarios a la izquierda y a la derecha, cubiertos por un cristal, lleno de frascos y cajas. Había varias ventanas, pequeñas y cubiertas de polvo, pero la luz entraba de todas maneras.

-¡Hola! Bienvenido a Healthy Jelly ¿En qué puedo ayudarte? Puedo curar cualquier cosa.- Preguntó echándole un vistazo. Era otra de esas criaturas que siempre llevaban ropa. Muchos habitantes de Smaraudus iban sin nada y eso le gustaba, porque era lo natural. Se fijó en que el limo seguía haciendo el tonto y eso la estaba exasperando demasiado. Le dio un manotazo y le sonrió al muchacho. Le resultaba curioso, muy pocas veces había visto seres humanoides, a excepción de ninfas y hadas. No le veía mala cara, parecía que gozaba de buena salud, eso despertaba aún más las ganas de saber qué estaba haciendo ahí.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Jue Mayo 29, 2014 7:15 pm

Alph entró por la puerta. Era una estancia ancha, con multitud de muebles y estanterías ordenadas en la pared. De las pequeñas ventanas se colaba la luz del exterior, de un color verde como la misma hierba. Encima de los tablones habían numerosos frascos con líquidos, cada uno de diferente color y consistencia, todos en fila perfecta, como si constituyera parte de un escenario cuidado con mimo receloso.

Sus ojos oscilaron por el escenario desconocido hasta toparse, irremediablemente, con un ser gelatinoso, morado, y débilmente solidificado en la forma de una mujer atractiva y desnuda. Lo acompañaba una criatura más pequeña, redondeada y, parece ser que hecho de la misma consistencia que su pariente. Los ojos se abrieron en repentino desconcierto, entreabriendo los labios y separando los brazos crispados a los los dos lados de su cuerpo. Afortunadamente, se recuperó enseguida.

“¿Es ella la curandera de la que habla todo el mundo en Smaraudus?” se preguntó el mismo. Detrás de ella, cual babosa, dejaba una película de líquido pegajoso sobre el parquet de madera, que gemía en crujidos astillados cada vez que posaba las grebas sobre el. El rostro del pequeño empezó a cambiar en diferentes configuraciones, mostrando emoción, tal vez. La mujer agitaba los brazos en forma de saludo, soltando goterones morados, y, antes de que pudiera preguntarse si podía hablar, le dio la bienvenida en su idioma para alivio suyo. Después le pegó una cachetada al “limo”, que vibró intensamente con el golpe, optando por una expresión fastidiada.

Eh...

Alph observó la escena, el rostro entre atribulado y consternado. Nunca antes había presenciado nada igual. ¡Y eso que había viajado mucho! No podía averiguar a qué raza pertenecía, lo que sí le recordaba es a una hembra antropomorfa. Su anatomía rememoraba al de una chica desnuda, en los dos pechos se dibujaban dos cerezas duras, rodeadas de una aureola. Más arriba, el cuello estilizado acababa en un mentón puntiagudo, un rostro jovial, unos ojos brillantes. El cabello —si es que a aquello podría llamársele pelo— era el molde viscoso de un peinado aparatoso y exótico. Detrás una coleta, y de la frente parece que salían dos cuernos. Una cola se agitaba detrás de la espalda, de un lado a otro y, de vez en cuando, la superficie fluida caía en pequeños hilos que unían el ángulo de la quijada al pecho, revelando que la constitución del ser no era del todo sólida.

Pese al asombro, Alph se obligó a sonreirle. La boca se entreabrió sin saber que decir y, en un segundo, recordó el rostro congestionado de Sif, encamado desde hace ya unos cuantos meses.

Vengo a buscar los servicios de una curandera —dijo—. Y me han dicho que tú eres la mejor de la ciudad.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Jue Mayo 29, 2014 10:06 pm

El susto que se dio el chico fue el principal motivo por el que la Slime empezó a reír sin esconder nada de su alegría. Luego llevó ambas manos tras el cuerpo como si quisiera hacerse la inocentona y quitarse las culpas de haber sido ella y su aspecto, culpable de toda su reacción. Hubo un silencio, él debía estar asumiendo su presencia, ella comprendía que era única, extraña y la más guapa, con todo su autoestima, se veía perfecta. Akn esperaba que le dijera el problema, no que la estaba buscando, ya que si estaba allí, no era justamente para jugar o para pasar el rato. Si lo pensaba bien, tal vez no buscaba sus medicinas, sino a ella como "persona" o criatura, mejor dicho.

-Eh... Si, lo soy ¿Qué ocurre?- Preguntó de nuevo, esperando una respuesta más específica. Le hizo una caricia a su pequeño limo, que le pedía mimos con una mirada dulzona. -Si estás pensando en pagarme, no lo hagas.- Añadió después de haberse dado cuenta. A ella solo le servía el dinero para expandir su local, pero ahora incluso le sobraba espacio, así que dejaba de cobrar a los clientes con objetos materiales. -A ti te veo muy sano ¿Se trata de un familiar?- Cuestionó más para indagar en el asunto. A mucha gente le costaba soltarse y empezar a hablar sobre sus problemas, así que muchas veces era ella quien preguntaba síntomas y costumbres para enterarse de lo conveniente.

-Sé que no parezco confiable, pero créeme, lo soy.- Si se le tenía que acercar e incluso, si le tenía que tocar, no quería que se lo pusiera difícil, por muy divertido que le resultara. -Soy fascinante.- Se halagó, pero esta vez, hablaba para sí misma y para su mascota. Boing Poing asintió y dio un bote, esa pequeña criaturita siempre haciéndole enternecer a los niños. Ese era su trabajo. Akn se preparó un poco para salir, cogió unas cuerdas que le servirían para transportar las medicinas que necesitara, así no se pringaban y evitaba las muecas de asco de las personas, que la verdad, la desagradaban mucho. -Boing Poing, cuida del negocio ¿Vale?- Le señaló y dio un rodeo para salir del mostrador. El limo hizo un ruido extraño y empezó a reírse, fue entonces cuando Akn se puso seria. -¡No! ¡No! En serio, cuídalo. Déjate de bromas que es tu trabajo ¡Cuando no estoy! Y si no lo haces, me enfadaré y no quieras que lo haga.- Le amenazó con un puño, haciéndolo crecer y lo sacudió para salpicar.

-Disculpa, chico, creo que ya está.- Bajó la mirada hasta sus botas y retrocedió para no mancharle, aunque la suela del muchacho ya estaría pegajosa y al salir, se le quedaría todo lleno de hojas y tierra.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Sáb Mayo 31, 2014 12:45 am

La mujer ciertamente era de lo más peculiar que había visto en su vida, pero su ánimo le hizo sonreír y olvidar que por ahora, se hallaba en una gran tesitura. Incluso aquella demostración de ego le pareció de lo más dulce y fascinante.

Algo así —respondió Alph, entre risas. Sif era casi como un hermano para él, aunque guardan muchas diferencias—. Están en la posada, ven conmigo.

La boticaria fue a despedirse de su mascota, tan viscosa como ella y, tras dejarle las cosas claras al “limo”, tomó alguno de los frascos —los llevaba atados con una cuerda—. Cada uno llevaba un líquido de color diferente, pero Alph no sabía nada de herboristería como para saber de qué se trataba cada uno. Akn debía de tenerlos todos bien clasificados, ordenados en filas en aquellas estanterías que cruzaban galerías de principio a fin. La tienda estaba bien ordenada. Ella era una maniática del orden, y mantenía un absoluto control, constante, en todo el establecimiento. El recibidor solo era una pequeña parte. Restaba decir que habían allí pasillos, multitud de almacenes, contiguo a la techumbre triangular, una buhardilla donde guardaba trastos viejos. Era sorprendente su diligencia.

Transitaron por las calles los dos juntos, sin rendir palabra. Alph pareciese que llevaba prisa, caminaba con especial ansiedad, los pasos seguros de quien sabe a dónde se dirige, siempre mirando al frente. Finalmente cuando llegaron a la posada, el chico se adelantó para apoyar su mano en la madera astillada, mohosa, volteando la cabeza y, ofreciéndole una sonrisa afable a la curandera.

No te he preguntado el nombre. Puedes llamarme Alph —dijo, empujando la puerta. Las bisagras gimieron.

La hizo pasar a un pequeño establecimiento que ofrecía camas baratas. Una señora regordeta, de piel verde, cabello herboso y ojos brillantes como la luna, les saludó con la mano. En una silla reposaba una figura abotargada, encapuchada y cubierta totalmente con una túnica de cáñamo. Era la madre de Sif. Suspiraba con pesadumbre, las manos sostenidas por el regazo débil, esperanzado. Los ojos pequeños, laterales, se abrieron al verle y se levantó a recibir al ángel con un abrazo. De reojo, observó a la curandera con cierto recelo.

No te preocupes. Ella viene a ayudar —le aclaró el castaño.

Ella retiró la capucha, revelando el rostro. Era la cabeza de un lobo gris sobre un cuerpo bípedo. Los ojos tenían el iris azul, argénteos, llenos de energía. Las orejas rígidas y atentas, el hocico largo acababa en una punta negra y húmeda. Brillaba con la poca luz del recinto. Parecia que olfateaba el hedor a menta a pesar de mantener una distancia segura de ella. Los ojos inquisitivos no pueden evitar entornarse, mirarla con clara desconfianza.

¿Tú eres la curandera? —preguntó. El tono decepcionado como si se hubiera esperado algo mejor.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Sáb Mayo 31, 2014 2:17 am

No tenía ni idea de dónde se encontraba la posada y esa era una de las razones por las que no hacía encargos a domicilio, pero si la llevaban, era otra cosa. Mantuvo lejos del cuerpo los frascos y siguió al "humano" por el lateral izquierdo. Ella se fijaba en todos los seres que paseaban en otras direcciones, a algunos les conocía, pero no saludaba porque estaban de espaldas y ocupados en sus asuntos. De altura media, cuando miraba de reojo al chico, veía que tan solo le llegaba a los hombros y en estos momentos no podía hacerse más grande. Ella sacaría uno de sus muchos e infinitos, así como absurdos, temas de conversación, pero él iba rápido, debía estar muy preocupado por esa persona que necesitaba ayuda. Alzó la vista para ver el cartel que indicaba que habían llegado al lugar. Entró detrás del muchacho, sonriendo.

-Soy Aknsunhamun, un placer, Alph.- Le respondió a él y luego se fijó en el extraño ser que se descubría ante ella. A pesar de la muestra de desagrado que mostró sin pudor alguno al verla, Akn siguió sonriente, esa era la imagen que quería dar. -Así es ¿Dónde está mi paciente?- Preguntó inspeccionando el lugar con total atención, se fijaba en los presentes allí y sospechaba de uno, imaginaba que sería "eso", que por ahora desconocía su género. De echo, Akn no sabría ni diferenciar que esa persona lobo, fuera una mujer, si no llega a haber escuchado su voz. -Haré todo lo que pueda, señora.- Dijo haciendo una pequeña reverencia y se acercó a una mesa para poder dejar los frascos multicolor. La Slime preparó cada uno de ellos, los separó y los alineó, le sería más fácil elegir uno a la hora de tener que usarlos.

-Lamento si mi presencia no es del todo agradable.- Se disculpó como solía hacer a menudo, pero ella no podía elegir verse más presentable. Akn empezaba a sentirse nerviosa, aún no podía hacer nada, necesitaba lanzar un montón de preguntas y no quería atosigar, ni siquiera sabía si necesitaría una habitación diferente para hacer sus cosas. -¿Puede explicarme qué le ocurre? Cuantos más detalles, mejor.- Preguntó lo más sensato, volviéndose seria, pues quería que todo saliera perfecto.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Lun Jun 02, 2014 10:23 pm

La madre profirió un suspiro, con pesadumbre. Alph se acercó para consolarla, apoyando los dedos sobre uno de los hombros debilitados.

No te preocupes por nada —se ríe, cándido, ante la aparente sorpresa de la loba—. Sólo está un poco nerviosa. Pero yo confío en ella.

Los ojillos parpadearon, mirándole con fijeza incrédula. Ella aún no creía en la curandera, pero si de verdad era la mejor en la ciudad del bosque, tendría que darle una oportunidad. Afirmó pesadamente con la cabeza, los ojos brillaron al encontrarse con los de Akn.

No, de verdad me alegra que hayas venido —respondió con una sonrisa amarga.

Ante las preguntas curiosas de la “slime” Alph se ofreció a llevarla a los aposentos. Cruzaron el salón de la posada. Allí dentro, hasta la madera vieja se tapizaba con el musgo y hierba lozana. Alguna flor sobrevivía en la esquina. Es como si la naturaleza se apoderase del edificio entero y lo reclamara como suyo. Subieron por las escaleras chirriantes, de caracol, y se encontraron con un corredor alargado e iluminado por un ventanal, por allá, hasta el final. La madre de Sif los guiaba por delante y, acabaron deteniéndose en una de las puertas. La habitación no era precisamente espaciosa y amueblada, pero tenía lo suficiente como para vivir allí largas temporadas. Un pequeño armario, un lecho de paja y sostenido por un camastro de madera de abeto. Sobre una mesilla alargada, arrastrada sobre la pared, había un espejo redondeado, y, sobre la superficie de la mesa, una jofaina de cobre.

Alph y su compañera se detuvieron al lado de la orilla de la cama. La loba se sentó en ella. El bulto estaba tapado con una frazada hasta el cuello, solo se le veía el hocico asomando por encima, respirando pesadamente. Sif arrugó la nariz puntiaguda, negra. Había algo que olía bien allí dentro. Giró la cabeza para encontrarse con el ángel, su madre y… una chica que no conocía muy bien y que arrastraba consigo una cuerda con potes y jarrones.

Mama… Alph y…

Ella es una curandera, Sif.

La mirada del joven lobo se posó por un momento en la “slime”. Tosió fuertemente.

¿Me va a curar?

Sif era un joven lobo. Un antropomorfo lo solían llamar. El cuerpo musculoso de un hombre en sus veinte años, pero la cabeza de un zorro y cola aterciopelada del mismo animal. Antes solía ser más activo. Se levantaba todas las mañanas para cazar o para practicar con la lanza que tanto le gustaba, pero desde hace más de un mes una fiebre lo postró para siempre. Los músculos atenazados por la falta de movimiento empezaron a atrofiarse irremediablemente. Unas marcas negras empezaron a salirle en el pecho, tenían una forma arriñonada, la periferia estrellada como si intentara alcanzar mayor superficie.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Mar Jun 03, 2014 12:01 am

Por un momento los nervios se acrecentaron, pero pareció que al menos la loba, había terminado por asimilar que podía hacer algo por su hijo. Sus ojos violetas, acuosos y brillantes se clavaron en el hombre, que gustosamente la guiaba detrás de él hasta la habitación. El edificio era parecido a su propio hogar, salvo porque este era muchísimo más grande, pero tampoco se libraba del abrazo de las enredaderas, que reforzaban la construcción y que con el tiempo, serían capaces de reemplazar a la madera, dejando una posada echa solo de plantas, como era el caso de muchos edificios en Smaraudus. Allí por donde pasaba la slime que habían plantas muertas, volvían a la vida por sus fluidos curativos, no solo para personas y animales, todos los seres vivos podían beneficiarse. La estancia a la que entraron, ella la última, no era grande, pero no tenía problema con eso, ya que había observado nada más entrar que tenía espacio para poner sus cosas. Mantuvo una distancia algo más notoria que el chico y la madre, ladeando el rostro al ver al individuo entre las sábanas.

-Con permiso...- Dudó unos momentos, no sabía si acercarse o no, pero acabó por hacerlo, sin llegar a rozar la cama para no mancharla. De pie podía ver la mala cara del pobre animalito, que aunque tuviera parte del cuerpo de humano, Akn siempre les llamaba así en caso de necesitarlo, sentía mucho más apego por las partes animales que por las personas. Pidió que se retirasen un poco las mantas que le tapaban el cuerpo, para que ella pudiera verlo. La Slime "retiró" casi toda el agua que tenían sus manos, de modo que quedaba menos pringoso y húmedo, algo más sólido, incluso llegaron a ser opacas, aunque eso significaba, que sus piernas goteaban el doble y eso, era perjudicial. Posó la palma de la misma sobre la frente del lobo, no apretó, solo rozar le bastó para saber la temperatura del cuerpo, gracias a que ella, al carecer de ese calor corporal, lo detectaba a la perfección. Se dio prisa en ello, no quería que le resultara desagradable que le tocara. Akn desvió la mirada hasta las marcas ennegrecidas del pecho y su expresión de volvió preocupada. -¿Te duele?- Le preguntó refiriéndose a las marcas, a lo mejor sentía algo por dentro, pero frente a todo, tenía muy mala pinta, afortunadamente, creía poder borrarlas con un poco de tiempo.

-Um...- Trasladó el sentido de la audición a una mano que deslizó hasta el pecho del lobo y ahí, escuchó los latidos de su corazón. Ahora si alguien la hablaba, no sería capaz de escuchar hasta que apartara la mano o su sentido del oído volviera a estar en la cabeza. Podía cambiarlo porque ella no tenía órganos y quien le daba la capacidad de poder oir, saborear y ver, era el núcleo que siendo pequeño, podía simular casi todos los sistemas de un cuerpo humano normal. Le dedicó una sonrisa a su paciente y luego pensó la concentración de su propio ser que debería darle. La fiebre y la tos no eran ningún problema, pero esas manchas le infundían cierto miedo, era la primera vez que las veía. Embadurnó el torso de Sif con las manos, por donde las zonas negras y un poco por los alrededores. Pasaron unos minutos y al fin, había decidido qué sería lo adecuado y se sentía bien por ello.

-Podré con esto, no se preocupen.- Comunicó en voz alta a todos los presentes.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Mar Jun 03, 2014 5:51 pm

Los ojos brillaron en clara desconfianza cuando Akn retiró las sábanas, pero Sif dejó que la curandera le examinara. Las manchas negras brotaban de la piel grisácea como cráteres de inmundicia y enfermedad. Se extendían de una forma estrellada y, al tocarlo, Sif apretó los colmillos en respuesta. Reprimió un quejido doloso, y eso que Akn le había tocado con la mayor dulzura y tacto que deben de tener los curanderos. Sacudió pesadamente la cabeza para afirmar a la pregunta, entornando los ojillos. Luego, dio un bote sobre la cama cuando empezó a extender la propia crema de su piel por el pecho herido. Sif se contorneaba en posiciones rígidas y arqueadas. Intentaba reprimir los alaridos mordiendo la almohada que sostenía la nuca, deshaciéndose en gruñidos y maldiciones incomprensibles.

Pronto el pecho quedó embadurnado de los fluidos de Akn, y las manchas se aclararon. Sif respiró tranquilamente, como si repentinamente el dolor hubiera desaparecido, dando pie a un alivio más que bienvenido. Ante la buena noticia, la madre sollozó, precipitándose en el ángel y buscando en él algún consuelo. Alph posó una mano sobre la cabeza del antropomorfo, entre las dos orejas terciopeladas, caídas.

Sabía que podía contar contigo —dijo Alph, sonriendo, girando la cabeza hacia la “slime”.

P-pero, no tenemos dinero para pagarles los servicios a la curandera —respondió la loba.

No hay problema. Yo se los pagaré con los míos, la serviré mientras trate a Sif. ¿Es lo que habíamos dicho, no?

Nymeria —es así como se llamaba la madre de Sif— se frotó nerviosamente las manos, parecía que meditaba ansiosa las palabras de Alph. No le vendría mal una compensación económica, eso seguro. Al fin y al cabo de algo tendría que comer. Rebuscó en una bolsa de cuero escondida en los harapos hasta sacar de allí una moneda de oro, la única que tenía. Era gruesa, la superficie tallada destilaba un brillo rutilante, dorado, como una estrella solitaria en la bóveda negra de la noche. Alph le seguía con la mirada. Los labios se entreabrieron, pero no salió sonido alguno. No había nada que pudiera convencer a Nymeria de lo contrario.

Es todo cuanto tengo. Esto creo que puede valer el tratamiento de mi hijo.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Miér Jun 04, 2014 12:03 am

Con los quejidos y lamentos del chico fue suficiente para saber el horrible mal que tenía encima, pero Sif se calmó, ella tuvo el efecto suficiente. Aproximadamente tardaría una semana en conseguir que desapareciera por completo todas y cada una de las marcas, así como los efectos y lo que quiera que fuera que las produjo. A Akn no le gustaba nada ver como la gente sufría y siempre hacía todo lo posible para que se sintieran bien, sin importarle el género o la raza. La Slime esbozó una amplia sonrisa viendo la alegría de la madre del lobo y escuchó, así como vio la escena. No había tenido tiempo de interrumpir para quitarle la importancia al tema del pago, pero no pensaba quedarse callada y dejar que esa familia se quedara sin nada.

-No... Yo no necesito que me paguen.- Le dijo con total seriedad. Aún si la moneda era para Alph, para que él la ayudara, de nuevo tendría que negarse. Akn cogió uno de los frascos, este en concreto era morado, con forma de diamante alargado, tapando con un corcho circular, una boquilla bastante pequeña. Estaba llena casi hasta los topes, cuidando la diferencia de que al destaparla no se saliera. -Esto es para Sif...- Dijo entregándole el envase de cristal a su madre y casi, le obligó a cerrar la mano para que se lo quedara. Aquella mujer sin nada y ella, que justamente no necesitaba ni comprar ropa, ni comida, ni una cama (Ya que Akn no puede dormir en una), casi ni necesita un hogar realmente, a ella con un envase le sirve, estaba sobrada a monedas y no podía dejar que eso estuviera así, no al menos tras ser consciente.

-Debería ir a buscar algo que me he dejado, algo para usted.- Susurró con aires de tristeza, le rompía el corazón esta situación. Ella no sentía casi nada físicamente, pero tenía absolutamente todos los sentimientos y les daba uso a la mayoría. -¿M-me acompaña?- Se giró hacia Alph y le miró fijamente. Con él iría y volvería antes, así no se perdería y además tal vez podrían hablar sobre lo que estaba sucediendo. -Señora, no aceptaré una negativa a mis actos.- Sentenció dirigiéndose a la loba. Akn era caprichosa y si decía que iba a entregar algo, lo haría, aunque fuera a escondidas o a la fuerza, todo era por hacer lo que ella pensaba que estaba bien y sabía que ahora lo estaba haciendo.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Miér Jun 04, 2014 10:54 pm

Nymeria tomó el frasco con una mano, lo olisquea confundida, los ojos se dirigieron hacia la “slime” aún sin creerse del todo lo que decía. Alph observaba la escena con especial cautela, el entrecejo se arrugó en respuesta, pero una sonrisa cruzaba sus labios, como si se hubiera esperado desde el principio la exagerada generosidad de la slime.

¿Te estás burlando de nosotros, niña? —le espetó Nymeria, frasco en mano.

Los colmillos brillaron intensos debajo del hocico. Nymeria gruñía de rabia. Alph se adelantó ante la atenta y enfurecida mirada de Nymeria, tomando la mano de la curandera entre las suyas. La llevó hasta el pasillo, una vez allí recorrieron el corredor hasta la recepción. El ángel se giró ante ella estirando los labios en una sonrisa. Se le quedó mirando durante un largo rato, llevando una mano a sopesar el afilado mentón.

Hemos tenido suerte, nos hemos venido a tomar con una buena curandera —se echó a reír, irremediablemente. Parecía que se mofaba de la chiquilla, pero en realidad no era así. Más bien le apasionaba que aún existieran seres tan ingenuos y bondadosos como ella—. Sin embargo, debo disculparme, pero... en realidad no has entendido porqué estamos aquí.

Las piernas inquietas recorrieron la recepción, mirando de un lado a otro, curioso. Las manos sobre la cintura de la chaqueta. Llevaba en la espalda la funda de una espada larga, de cuero pardo. La empuñadura tapizada por vendas enrolladas y la punta adornada con un zafiro azul. Parecía, de cualquier manera, un extraño caballero. Un paladín mercenario que entregaba sus servicios a todo aquel que pudiera premiarle con dinero para proseguir con su búsqueda, cualesquiera que fuera. Él de buena gana habría aceptado tal generosidad, pero esta vez era diferente: el pacto irresoluto que había concordado con Nymeria era irrompible. Sif así también lo deseaba: se hacía responsable de cualquier trabajo por el que pudiera pagar el tratamiento del joven antropomorfo.

...ellos nunca aceptarán tales regalos. Son seres orgullosos, taimados… Necesitan intercambiar favores porque piensan que esa es la forma más justa de actuar —el rostro se enseria, hablando. Esperaba que Akn lo entendiera—. Y yo soy la única moneda de cambio que tienen, si pudiera servirte en cualquier cosa para pagar el tratamiento de Sif, estaré dispuesto a hacerlo.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Jue Jun 05, 2014 5:55 pm

Era la primera vez que Akn estaba frente a ese tipo de criaturas, de modo que desconocía lo que podían llegar a hacer, aunque no le preocupaba si trataba de golpearla o morderla, viendo que se había enfadado. Akn se cruzó de brazos, fastidiada por lo que le habían dicho, le había resultado ofensivo, seguramente igual que sus propias palabras hacia la loba. Iba a decir algo, pero fue en ese momento que Alph se la llevó fuera de la habitación y empezó a explicarle varias cosas, que comprendía perfectamente, pero no era capaz de verles "sentido común". Akn pensaba que el hecho de que el chico la ayudara, no conseguiría en absoluto que aquella familia de lobos pudiera vivir mejor, de modo que no le interesaba tener un "esclavo" durante un tiempo.

-Eh... Pero no tienen nada y yo quiero que tengan algo.- Le respondió mirando la espada que tenía colgada en la espalda. Una idea cruzó su mente, fugaz y radiante. A lo mejor podía llegar a hacer algo a través del chico que parecía ser un guerrero. Iba a rechazar su oferta, pero decidió que llevarle a un lugar peligroso y mortal, podía ser una buena opción para acabar saliéndose con la suya, solo necesitaba ser cuidadosa, aunque sin importar lo que hiciera, sabe que tendrá que "infiltrarse" en donde se aloja la familia. -Bueno, supongo que algo si puedes hacer por mi.- Se llevó uno de sus dedos gelatinosos hasta los labios y miró al techo, desde luego ahora no iba a decirle lo que quería, pero sí algo en su lugar. -Creo que será cosa de una semana, muy posible que menos. No temas, te trataré bien.- Le comentó sonriendo. Ese era el tiempo que Sif tardaría en estar como si nunca le hubiera pasado nada, sin secuelas ni efectos secundarios y por tanto, también sería el tiempo que Alph estaría con ella.

-Sigo sin estar de acuerdo ¿Eh? Pero se hará así.- Le hizo una reverencia al ángel, como "pidiendo" permiso para retirarse y volver a la habitación. Este era un gesto del cuál no era consciente, era una costumbre y nunca se daba cuenta, ser respetuosa (No como lo mal que se portaron con ella) con los demás lo llevaba dentro. Dio un suspiro al pasar por el umbral de la puerta, esperaba que ya se hubiera tranquilizado la madre de Sif. -Él será mi pago ¿Si? Y en ese caso, creo que no tengo mucho más que hacer aquí.- Le aclaró y esperó a ver si eso le parecía mejor. No pensaba que ella necesitara una explicación de qué hacer o cómo usar la sustancia del frasco, al fin y al cabo, el instinto de madre siempre suele acertar y más aún cuando la salud de un hijo está en juego.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Lun Jun 09, 2014 8:21 pm

Alph sonrió complaciente ante la respuesta de la “slime”. Se alegraba de que entendiera las condiciones de los antropomorfos, pero entendía su desazón al darse cuenta de que no aceptan su desinteresada ayuda. Quizá la tierra de Ehlysea no sea tan cruel cuando habían seres tan solidarios como Akn. Nymeria prefería hacer sus oídos sordos. Para ella el altruismo era tan innecesario como la caridad. Pagarían el tratamiento a cualquier precio aunque tuviesen que tragarse su orgullo para trabajar como vulgares esclavos.

Entraron de nuevo. Nymeria aceptó las explicaciones de la curandera, sacudió la cabeza satisfecha cuando supo que tomaría a Alph como su trabajador hasta que el tratamiento de Sif se completara. Se inclinó cortésmente ante la chica y la miró con los ojos serios y quedos, finos, afilados como escarpias, pero oscuros y tristes como una noche de lluvia.

Gracias por aceptar —le dijo simplemente, y se inclinó hacia su hijo, apoyando sus manos en el pecho y volviendo a cubrirlo con una gruesa frazada.

Después de una corta pero productiva conversación Akn y Alph abandonaron la posada por la puerta de atrás y volvieron a la tienda. El ángel no sabía cuanto duraría el tratamiento, pero mientras Xelial descansara, él tenía tiempo de vivir y establecer lazos lo suficientemente fuertes como para no abandonar Ehlysea. Pero el ángel no era estúpido, sabe lo que su contraparte más humana quería hacerle, más no se preocupaba, su mente omnipotente e inquisitiva sabía ver mucho más allá de lo que le permitía la afectividad de Alph.

Entraron en la recepción y, allí, pudo fijarse bien de lo extraño que era el cubículo. Por detrás de un mostrador habían montones de cajas apiladas a los dos lados, una encima de otra. Los frascos se amontonaban en las estanterías. Akn corretea —o más bien: se desliza— nerviosamente de un lado a otro. Había mucho trabajo. Alph se apoyó con la espalda en el mostrador y cruzó los brazos. Colocó la funda de la espada sobre el mostrador mientras observaba fijamente a la slime. La gelatinosa forma recordaba al de una mujer estilizada y desnuda. Los pechos ingentes y dulces, una cadera, y hasta simulaba una depresión en el bajo abdomen. El castaño la escrutaba con atención mientras holgadamente trajinaba con los frascos, de aquí para allá. Le seguía siempre una especie de criatura en forma de gota, como una cabeza ovalada y puntiaguda superiormente. Al no tener pie alguno, saltaba por el suelo y atosigaba a la muchacha, sonriente, exaltado. Parece que quería jugar. Se acercó a Alph para esgrimirle una sonrisa a la que Alph responde con complicidad. Luego vuelve con Akn, pero ella parece estar ocupada, ocupada con los preparativos par aun menester del cual el ángel no tiene ni la más mínima idea.

Pero él está a su servicio, él hará lo que sea por la curandera.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Mar Jun 10, 2014 7:40 pm

Finalmente estuvo todo aclarado y entonces la Slime se despidió de Sif y de su madre, diciéndoles antes que volvería en cinco días aproximadamente, para ver cómo avanza de su enfermedad. Acompañada del chico volvieron a las calles de piedra musgosa y de ahí, de nuevo a su tienda. Ahora sí se le ocurrían un par de cosas de las que aprovecharse, la primera de todas, era hacerle limpiar, ya que ella no podía. Sabía que hacerle limpiar el suelo era una tontería, pero había algunos objetos que se habían ensuciado solo por el hecho de haberlos tenido que coger y colgar o trasladar y que ya nunca más los había vuelto a usar. Nada más llegar, volvió a colocar los frascos que no había utilizado, cada uno en su sitio, perfectamente alineados y por colores, todos los tonos ordenados. Tras pasar por el mostrador y entrar por una de las dos puertas, buscó una regadera verde, llena solo por la mitad y salió con ella, viendo a Alph parado en medio de la tienda. No podía dejarle ahí, ni siquiera le había dirigido la palabra, pero quería regar sus plantitas antes de que se le olvidaran.

-Perdona, ya estoy contigo. Ven.- Se llevó la regadera con ella y esperó a que Alph la siguiera a donde ella trabajaba, fuera de la vista de los clientes. Colocó el recipiente en su sitio y se acercó a una gran mesa llena de tiras de mimbre y entonces le miró. Esa sería su primera tarea, necesaria para la segunda. -Tienes que hacer un cesto ¿Sabes hacerlo?- Preguntó por si acaso debía enseñarle. Por si no sabía, le hizo un pequeño ejemplo, enlazando tres tiras. El problema es que cuando las hacía ella, necesitaba mucho tiempo y concentración para que no se le deslizaran de las manos y evitar además que estuvieran demasiado húmedas. -Mientras lo haces, prepararé un par de cosas.- Le dio la espalda y caminó hasta otra cesta de mimbre, pero rota, que tenía un frasco de cristal que brillaba azul como si fuera luz. Dentro había dos setas azules que eran las que daban el brillo, las había recogido en su última aventura, eran difíciles de encontrar y además quería otras cuantas más, de otros colores. En uno de los pasos en los que se acercaba al paladín, pisó a Boing Poing y quedaron fusionados.

-Quita, sal de ahí.- Le pidió por las buenas, pero el limo lo que hizo fue ascender por la pierna, mezclándose con su color azul. Akn se dio un manotazo y trató de arrancarlo. -¡Quita! ¡Ya!- Le ordenó seriamente, pero no le hacía caso, tenía demasiadas ganas de jugar con ella, pero a Akn le resultaba muy desagradable tener algo dentro de ella, frío, moverse por donde le daba la gana, no era como cuando ese algo estaba caliente. -Tú te lo has buscado, Boing Poing.- La Slime se convirtió en un charco gelatinoso y así pudo separarse del limo y volver a su apariencia de hermosa mujer, pero eso no era todo. Como castigo, metió al limo en un tarro de cristal y lo encerró tranquilamente. La pequeña masa azulada sollozó y pegó su cara tristona al cristal, como suplicando que le sacaran de ahí, queriendo llorar su propia agua y volver a absorberla, en forma de lagrimitas humanas. -No, ahí te quedas, te portaste mal.- Sentía vergüenza porque Alph hubiera tenido que presenciar cómo su estúpida mascota se dedicaba a molestar cuando no debía.

-Cuando acabes, iremos a recoger de esas setas luminosas y hierbas. Hay una cueva donde las hay y pasaremos por allí.- También pensaba recoger algunas piedras, aunque trabajar con ellas sería muy complicado, pero quería intentarlo. -Dormiremos fuera, si necesitas coger algo, adelante. Es un sitio peligroso, pero he visto que vas armado, no debería haber problema alguno.- Le aclaró justo a su lado. Estaba muy seria, parecía una jefa amargada o simplemente alguien se tomaba las cosas en serio.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Dom Jun 15, 2014 5:34 pm

Durante un tiempo estuvo, parte en vano, entrelazando con esfuerzo tiras alargadas de mimbre para confeccionar una cesta. Lo hacía con cierta desgana pues, a Alph nunca le había gustado el trabajo doméstico. Aún así, sacrificando lo que le quedaba de paciencia, consiguió realizar algunos avances con la cercana indicación de su nueva jefa. Una vez terminado, suspiró con los hombros abotargados, descendiéndolos mientras sacudía los brazos cansados. El aburrimiento lo atenazaba y, en un momento, la escena violenta entre Akn y su pequeña mascota consiguió enternecerlo, tiendo cándidamente.

¿No estás siendo demasiado dura con él? —decía, mientras miraba a la pobre criatura, encerrada en una botella de cristal, tan triste que derramaba lágrimas apenadas ahí dentro.

Después de trajinar de aquí allá con extraños frascos, pociones y ungüentos, ya estaban listos para emprender su marcha. Alph reavivó sus ánimos, y solo pensaban en la aventura que tenían por delante, olvidándose durante un instante de la pobre familia de antropomorfos de la posada. Había viajado con ellos durante muchos días a Smauradaus buscando la curandera, una mujer extraña que destilaba un fluido violáceo y curativo allá donde iba. Parece como si estuviera hecha de alguna sustancia, el resultado de una quimera hecha por algún hechicero interesado.

Claro que te acompañaré, de todos modos, para eso estoy aquí —dijo con una sonrisa afable, apoyando la palma de la mano sobre el hombro viscoso.

Se había manchado la mano, pero no le importó. Se lamía los restos de gelatina que había quedado por sus dedos, de forma disimulada, mientras la slime se deslizaba por delante y abría la puerta de la tienda. Dejó a su mascota nuevamente al cuidado de la tienda, y se fueron de la tienda, tomando rápidamente la avenida principal hasta llegar a los límites de la ciudad. Un muro enorme de espinos tan fuertes como un muro de hormigón protegía la ciudad desde todos sus lados. Se entraba y salía por puertas gigantescas fabricadas con ramales y troncos mohosos. La mayoría de las veces, en tiempos de paz, daba el paso amigable a viajeros de toda condición. Aunque sus habitantes, por lo general, mostrasen cierto recelo a las gentes a las que no le crecía vegetación en la piel, ni tuviera la tez verdosa o de colores chillones. De cualquier manera, sus habitantes eran amables, y comerciaban pacíficamente con los otros reinos. Ehlysia era una tierra en una paz absoluta que la llamada Diosa había salvado al destruir a la raza impura que una vez la amenazó. Sin embargo, nadie tiene la certeza absoluta de que fue así y lo creían con fe ciega, inquebrantable.

Atravezaron el umbral del portón abierto, ante la atenta mirada de los guardias. No se extrañaron al ver a Akn, y le cedieron el paso rápidamente. Afuera, un carromato esperaba su inspección para pasar a la ciudad. Una fila de viajeros y de inmigrantes formaba una fila que se extendía un poco más allá del camino. La mayoría no se atrevía a alcanzar los herbosos terraplenes que se extendían kilómetros y kilómetros en un bosque turbio y enardecido que era muy poco amistoso con los que no estaban acostumbrados a él. Alph lo miraba todo con la curiosidad de un gato. Movía su cabeza de un lado a otro con la rapidez de un pajarillo asustado.

Finalmente, dejaron la muchedumbre atrás y se internaron en el bosque, entre los troncos nudosos y los sauces gigantescos. La hierba reseca resonando a sus pies, junto con las ramas caídas, las ramas sobresalientes y las piedras afiladas tapizadas de moho verde y esponjoso.

Siguieron caminando, y muy de vez en cuando, se detenían en algún punto para que Akn, con los sentidos tan agudos de un halcón, recogiese hierbas u otras flores, que a veces escrutaba con la mirada brillante, decidiendo así si colocarlas en la cesta, en algún bote, o desecharlas. Así estuvieron largo rato hasta que finalmente pararon en una formación rocosa que se elevaba como una torre puntiaguda. Abajo, entre la tierra horadada que formaba estribaciones y cornisas peligrosas, había una entrada entre la roca sólida y dura. Era una cueva oscura pero que Akn conocía muy bien. Un riachuelo corría por ahí, y entre los juncos el agua espumaba manteniendo el cauce, valle abajo, hasta encontrarse con un enorme lago, en un clar que Alph desconocía totalmente. Sería capaz de perderse allí mismo si no fuera por su guía.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Lun Jun 16, 2014 10:37 pm

Antes de partir hablaron un poco, Akn le explicó cómo era el convivir con el limo mientras terminaba de poner todo el orden. Repasó con insistencia todo lo que llevaban, pues ella era muy ordenada y todo tenía que tener su lugar, incluso cosas que no conocía, llevaba algún recipiente para objetos nuevos interesantes, para no mezclarlos con los conocidos. La Slime revisó la cesta que hizo el ángel y estuvo satisfecha con el trabajo, aunque tal vez podía haberle quedado un poco mejor, pero no era tan exigente, al fin y al cabo, solo llevaba cinco tarros de cristal vacíos, de un tamaño mediano y que no pesaban demasiado. No estaban hechos especialmente para ella, pero sí que se adaptaban mucho. Antes de salir por la puerta, cogió unos guantes de cuero, que le eran necesarios de vez en cuando. Odiaba la ropa, pero odiaba aún más no salirse con la suya y si por culpa de sus manos resbaladizas, no podía coger algún objeto, se enfurecía y recurría a esas dos prendas de manos para poder cogerlos.

-¡En marcha!- Salieron y siguieron juntos, Akn con toda la normalidad que podía aparentar, siendo conocida. Para ella esto era rutina, todas las semanas o por las noches en las que se aburría, salía a recoger cosas, pero Alph parecía asustado e inquieto. Si lo pensaba bien, ella estaría igual o peor en otro lugar desconocido, en otro de los reinos tal vez no sería bien recibida o las miradas de asco se incrementarían. Iba por delante en todo momento, con los pies llenos de hojas, hierba y tierra. La Slime no era consciente del tiempo que llevaban andando, tan solo se guiaba por la luz o la oscuridad del escenario y a juzgar por los tonos, no debía quedar mucho tiempo para la noche. De vez en cuando se paraba y se ponía los guantes para recoger hierbas. Algunas parecían dañinas por su color rojizo, pero ella les había descubierto efectos positivos. Otras eran azules y todas iban separadas en la cesta, unidas por un cordel fino y resistente.

-¡Oh! Espera...- Le pidió cuando vio el pequeño arroyo. Apenas se fijó en la cueva, que era su objetivo, ahora tenía otro. Le dejó la cesta y todo lo que llevaba al chico para que lo cuidara, mientras ella se metía en el riachuelo y lo seguía hasta que le cubriera la mitad del cuerpo. Empezó a absorber parte del agua y a aumentar de tamaño considerablemente. -Ummm, que bien, ahora estoy mucho mejor.- Casi con el doble de tamaño que antes, le hizo una caricia al guerrero y le llevó hasta el interior de la cueva, iluminada por dentro. Las paredes emitían una luz propia muy misteriosa. El ambiente estaba lleno de esporas y había setas gigantes en el fondo, así como enredaderas e insectos por todas partes. -No las toques, son venenosas y algunas se mueven.- Advirtió señalando flores que parecían reaccionar al paso de ambos aventureros y exhalaba un perfume a frambuesa muy tentador. Eran de un color rosado muy chillón y estaban cerradas, guardando un aguijón entre sus hermosos pétalos, del cual se podía ver la punta.

-Más adelante, hay unas criaturas extrañas. A mi no me hacen nada, pero a ti si te van a atacar, te recomiendo que estés preparado.- Le cogió las cosas que le había dado anteriormente, para dejarle empuñar su arma. Había una bifurcación en el centro, rodeaban una gran roca que se unía al techo, parecía más grande por dentro que por fuera. -Tienen la cabeza alargada, son gordos, van a dos patas, parecen marinos porque de manos tienen aletas, pero en las bocas tienen dientes muy grandes y afilados y se mueven muy rápido. También saltan y hacen vibrar el suelo. A veces provocan derrumbamientos.- Le contó como si le emocionara encontrárselos, hablando además, de forma despreocupada, porque bueno, a ella ni siquiera los derrumbamientos le preocupaban. No eran las únicas criaturas agresivas de la cueva, por eso se las describió. Tampoco todas eran hostiles.


Última edición por Aknsunhamun Shawarma el Miér Jun 18, 2014 1:45 am, editado 1 vez
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Miér Jun 18, 2014 1:28 am

Antes de llegar a la entrada a la cueva se detuvieron en el río. Akn se introdujo con delicadeza en el agua desde la orilla del camino que habían tomado, “para darse un baño” pensó Alph con ojos curiosos, sorprendiéndose después al comprobar que el cauce del riachuelo descendía mientras la slime absorbe el líquido y el cuerpo fluido y morado crece en proporcionalidad perfecta. La sombra ancha cubrió al anonadado ángel, que la miraba con la boca entreabierta, observando la transformación. Le sopesó unos cabellos antes de seguir caminando. Tragó saliva, y prosiguió la acalorada marcha.

Llegaron al umbral de una apertura ancha y larga como la boca de un lobo hambriento. Hacia el fondo la roca horadada estaba iluminada por los destellos vacíos de una luz natural azulina. Se respiraba un olor fresco en el ambiente a frambuesa, que por un momento, abrió el apetito del ángel. Probablemente, si no hubiera recibido advertencia alguna, habría probado de algún fruto venenoso, o examinado las flores que escondían una púa entre los pétalos cerrados, listas para sorprender a algún viajero. Él reía y agradecía la información, pero a medida que se acercaban al fondo, una extraña sensación iba apoderándose de él.

La inseguridad le oprimía el pecho. Pareció fruncir el ceño a medio camino, y hasta que no se encontraron en una bifurcación, no pudo pensar en otra cosa. Escuchó las indicaciones de su compañera y tomaron el camino pautado por esta. Prosiguieron adentrándose más. Los hongos aún destilaban la luz rutilante y mortecina, más clara que la anaranjada del cielo cuando dejaron la superficie. Pasaron por una galería estrecha, con peldaños naturales, al lado de una vasta estribación rocosa, tan inclinada como el muro de una ancha fortaleza, pero con discrepancias e irregularidades puntiagudas en su superficie. Alph se inclinó por un momento ante el foso, intentando vislumbrar el fondo. Fracasó totalmente.

Akn le estiró de la manga de la gabardina, y lo llevó hasta una serie de galerías entremezcladas. Parecía que la slime sabía hacia dónde se dirigía, pues movía la cabeza con la seguridad de una guía experimentada. Un poco más adelante, le describió la fisionomía de un monstruo tan amorfo que ni Alph fue capaz de imaginar. Más adelante apareció uno de ellos, de espaldas, sacudiéndose su redondo trasero contra una de las piedras que tapizaban la galería.

Había blandido de antes el acero, que silbó en el mismo momento que emergía de la funda y, sosteniendo la empuñadura con ambas manos, apuntaba hacia delante.

Quédate detrás de mí —le decía con una sonrisa. Y él, tan varonil, cubrió a la señorita gelatinosa mientras tres de esas criaturas se acercaban a ellos, gruñendo y aleteando.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Vie Jun 20, 2014 1:36 am

Si ella necesitara un guardaespaldas, Alph sería el hombre perfecto a tener en cuenta, pero eso no era así o al menos eso pensaba Akn, porque en realidad, sí que necesitaba alguien que la ayudara a defenderse de su creador, pero cómo tener eso en cuenta, cuando lleva un tiempo largo de paz, cuando se siente tranquila, cuando disfruta de la compañía ajena y de su trabajo de exploración. Como no muchas personas se quedaban con ella, a veces no sabía interpretar expresiones ajenas o ciertas acciones, como las de Alph en ese momento, en el que pareció... ¿Asustado? Puede ser, pero ella nunca había visto a alguien asustado si no era de ella. Había túneles por todas partes, cada uno de los mismos tenía cuatro o cinco caminos más y a su vez, estos más pequeños, también se dividían sin parar, como ramas de un árbol milenario. Aplaudió un par de veces cuando el chico se puso delante, dispuesto a combatir a aquellas criaturas. No pudo evitar acercarse por detrás a uno de sus oídos.

-No me protejas a mi... Protégete a ti mismo, guapo, a mi ya no se me acercan.- Susurró con cierta provocación, que solo hacía por diversión. Salió al descubierto y saludó a los enemigos como si les conociera de toda la vida. Estos, decidieron dar un rodeo para no acercarse a Akn y poder alcanzar al paladín, pero parece que no se atrevían porque ellos estaban muy juntos. Le gruñían y uno "valeroso", se lanzó contra Alph, aún a riesgo de toparse con la Slime, que eran a la que realmente temían por ser una criatura extraña e "inmortal" por lo que habían comprobado, ya que cuando la embestían, seguía en pie constantemente, no podían sostenerla entre sus aletas, tenía una textura que no habían visto nunca, una medio transparente y que además, se sentía raro cuando la tocaban, como si fuera agua. También su olor era misterioso y como no lo entendían, preferían no acercarse a ella, pero Alph, tenía un olor suculento y era como todos los aventureros que se habían comido anteriormente.

-Veré tus cualidades, adelante.- La Slime se retiró, lo suficiente como para que esos monstruítos sin miedo alguno, a la vez, se le tiraran encima como leones. Mientras observaba la pelea, no pudo evitar recoletar un par de setas y meterlas en sus tarros correspondientes. Como ella podía ver, escuchar, sentir y hablar por donde quisiera, no necesitaba tener el físico de las partes del cuerpo, tampoco necesitaba estar mirándole con los ojos de la cara, podía verle por otras partes del cuerpo, así que era fácil e interesante el hecho de espiar en otras perspectivas. Alph era bravo y tenía destreza, una que necesitarían más adelante, donde las criaturas hostiles fueran un peligro para Akn también, ahí es donde verdaderamente le pondría a prueba. -¡Venga, ánimo! ¡Ya los tienes! ¡Córtalos por la mitad!- Le gritaba levantando un puño en señal de victoria. La mayoría de seres, hacían mejor las cosas cuando se las animaba y a ella no le costaba nada.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Vie Jun 20, 2014 4:10 pm

En su afán de protegerla, la slime se colocó detrás de él, tocó sus hombros y le susurró unas palabras de ánimo directamente en el oído. Se ruborizó como un tonto, pero al mismo tiempo, no sabía si hablaba en serio o si se burlaba de él, la cuestión es que dio un rodeo hasta sobrepasarle, y vanas fueron las advertencias de peligro, pero grande fue la sorpresa al comprobar que los monstruos la ignoraban por completo y se precipitaban hacia él.

El ataque lo había cogido por sorpresa, nada más que por su mismo ensimismamiento. Tenía encima dos de aquellas criaturas mordiendo el acero con colmillos afilados, abalanzándose hacia el filo como bestias hambrientas y sin ningún tipo de razón. Pronto se vio rodeado de más de ellos, y, esperanzado, giraba de un momento a otro la cabeza hacia la slime.

¡Cómo puedes estar tranquila en un momento como este! —exclamó, anonadado.

Embistió a los dos monstruos que tenía sobre la espada. Uno de ellos recibió una herida grave en el vientre, del que rezumaba una sangre verde y viscosa. Pronto se tumbó panza arriba, chillando de dolor, mientras la furia de los demás crecía a pasos agigantados. Alph lanzó un grito tonante y se abalanzó hacia sus enemigos con la bastarda entre sus manos. La hoja cortaba el aire espeso, con habilidad, así como las extremidades y la carne de sus enemigos. En realidad no les deseaba ningún daño, así que intentaba evitarlos con golpes y patadas. Muchos de ellos intentaban atacarle por la espalda, pero los rechazaba con violentos contraataques utilizando la empuñadura de acero. Pronto no les quedó más remedio que huir, despavoridos, agitando en el aire enrarecido las aletas vibrantes y gelatinosas.

Alph clavó el extremo filoso de la espada sobre el suelo rocoso que tapizaba la galería. Jadeaba como un perro, y por la sien corría una fina línea de sudor.

No entiendo nada —sacude la cabeza hacia ella—. ¿Cómo es que no te atacan? Parecen criaturas feroces…

La mirada curiosa se dirige hacia su compañera y la estudia, y la explicación viene durante el camino que les queda. Igualmente, no es seguro confiar en el instinto aprendido de las bestias, pues, en cualquier momento alguno podría mostrar un comportamiento agresivo sobre Akn. Alph no podría soportar que recibiera daño alguno aunque la slime, despreocupada, le asegurara en incontables ocasiones de que no podía recibir daño alguno.

Siguieron sin más contratiempos por la galería estrecha hasta encontrar una abertura a un ensanchamiento de las paredes. El suelo accidentado se apuntalaba de piedras rocosas y agudizadas. Del techo colgaban estalactitas arrosariadas, y en ellas, incrustadas, habían gemas refulgentes que iluminaban la cueva con una luz celestina y clara. Del fondo de la caverna brotaron unas voces que reverberaban en la roca maciza, y llegaban como ecos dudosos a los oídos temerosos. Había alguien más en aquella cueva, y quizá fuera un grupo de gente, ya que el tono de las voces iba cambiando mientras los dos, a pasos cautelosos, débilmente agachados, iban acercándose a una amplia cornisa de piedra que limitaba perfectamente un desnivel no demasiado pronunciado.

Allí abajo unas siete figuras rodeaban un fuego que habían encendido encima de un altar que se elevaba hacia un pico rocoso que sobresalía del techo. Allí se quemaba algo, ya bastante carbonizado como para adivinar su forma. Las figuras rezaban con voz queda, tumularia, y juntaban sus manos en plegarias heréticas mientras que uno de ellos, ataviado con una túnica rojo sangre, levantaba sus manos hacia el fuego. Ocultaban sus rostros con máscaras de hueso animal, la boca terminaba en un pico duro y punzante, los ojos huecos y oscuros.

¡Muerte, muerte a la Diosa! —exclamó, arrojando un colgante a la pira—. ¡Gloria a los servidores de la era Oscura, donde los seres terrenales dominarán la tierra!
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Mar Jun 24, 2014 6:31 pm

La Slime sabía de sobra que Alph podía con esas criaturas y por eso mismo no le ayudó, aunque si hubiera llegado a pasar algo, desde luego que hubiera intervenido y con toda la sencillez del mundo, le hubiera curado cualquier herida. No estaba segura de poder curar la fatiga, eso nunca lo había hecho, pero lo podía intentar, al fin y al cabo, era un estado negativo, sin embargo, al no ser realmente una enfermedad, tal vez no tuviera efecto. Akn, se situó justo delante de él y antes de continuar, le pidió que lamiera una de sus manos y que tragara sin preocuparse, para ver si servía o no. No lo llegó a aclarar del todo, pero al menos pudieron seguir sin ningún problema. El camino fue silencioso y no había ninguna criatura por ahí, lo cuál le resultaba raro a Akn, ya que la última vez que había pasado por aquí, como mínimo había algunas. No tardaron mucho en darse cuenta del por qué. Ella en vez de agacharse, se convirtió en un charco y solo sacó la cabeza, pudiendo moverse exactamente igual que antes.

-Vaya, una conspiración.- Susurró Akn a su compañero. La Slime estaba del bando que anima a la Diosa, sin embargo, le daba bastante igual lo que fuera de ella, siempre y cuando la dejaran en paz. Akn no lucharía por salvarla como harían muchos otros, no le daba demasiada importancia, pero parecía que Alph sí. -¿Haremos algo?- Preguntó curiosa, pues ella no sabía actuar en estas situaciones. Si fuera por ella, si estuviera sola, se marcharía y les dejaría en paz con sus rituales o sus conferencias. Quizás Alph quisiera escuchar en silencio y luego salir a contarle al mundo o puede que pensara en matarlos, pero eso Akn lo veía demasiado imprudente y no debería hacerlo, ni siquiera sabiendo que ella podría curarle sin problemas, era un gran riesgo, porque la muerte no la revertía cuando había llegado. -Oye yo... Creo que es mejor irnos.- No le gustaba meterse en problemas y no quería tener nada que ver con lo que estaba pasando.

-Yo no sé sobre la diosa ¿Podrías contarme algo?- Daba por hecho que se iban a alejar y que así podían hablar sin ser escuchados. Últimamente es cierto que Akn había notado que todo el mundo hablaba sobre ella o que ofrecían más devoción de lo normal y nunca había entendido por qué. Todos estaban como locos, que si la Diosa esto, que si la Diosa lo otro... ¡Y ni siquiera la había visto! Incluso dudaba que fuera real, pero creía en ella como todos, al menos así se sentía mucho mejor.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Alph el Vie Jun 27, 2014 1:50 pm

En cierto momento, Akn dejó que el ángel saboreara las mieles que formaban su cuerpo. El sabor a menta refrescó su boca y revitalizó el cuerpo fatigado por las contiendas, y siguieron adelante. Poco después se encontraron con la comitiva religiosa, y ahora los dos se agazapaban en la cornisa de arriba, mientras allí abajo, tenía lugar un extraño ritual. Las palabras de la slime no tardaron en llenarse de dudas y de desconcierto, e incluso Alph intervino con una sonrisa de medio labio, mirándola nuevamente.

No te preocupes por nada —susurra, y sonríe con confianza—. No dejaré que te pase nada malo.

Dejaron que los misteriosos sacerdotes rezaran allí debajo mientras poco a poco, se alejaban de allí. Alph la condujo hacia el otro ala de la amplia caverna, pero aún allí eran capaces de escuchar los rezos, que reverberaban en la piedra, tonantes, como eco tan vacío como el cráneo reseco de un cadáver esquetilizado. La pregunta tomó desprevenido al ángel, porque pensaba que la devoción a la Diosa era universal en esas tierras, y precisamente Akn vino a preguntar al más inexperto de todos los seres sobre aquel mundo mágico. Puede que al final, haya gente más ignorante de lo que él pensaba, de los menesteres de la adoración y la salvaguarda.

La Diosa es el ente que creó a los demás dioses en este mundo. Nadie sabe su nombre real, por eso la llaman de esa manera. Se dice que antes este mundo estaba poblado por una raza que provocaba demasiada destrucción. Ella vino y la extinguió, dándole así la oportunidad para que los seres vivos que ahora pueblan esta tierra, se desarrollaran —relató, con calma y entre susurros escondidos—. Sin embargo, yo tampoco sé mucho sobre ella. Te será extraño, pero no estoy muy familiarizado con este mundo, aparecí hace poco por aquí. Es como si me haya despertado de un extenso letargo.

Todavía recordaba aquel momento. Estaba desnudo, en medio de una lluvia. Sentía los músculos abotargados y doloridos, como si hubiera estado durmiendo durante eones. Delante de él, sobe una colina, restaba una altiva figura, membruda y musculosa, justo delante de él. El hocico largo y los ojos brillaban en un rutilante amarillo. Cuando las imágenes se disiparon de su mente, delante de sus ojos apareció Akn, que le miraba con la curiosidad de una niña de unos pocos años. Alph la tomó de la cintura, y la condujo hacia la entrada de la cueva, apremiándola. Sin embargo, para la mala suerte de ambos, uno de los monjes les salió al encuentro en la galería, llevando entre sus manos una antorcha que chisporroteaba de rojo fuego.

¡Intrusos! —vociferó el tunante.
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Re: Remedies for the impossible [Priv. Akn]

Mensaje por Aknsunhamun Shawarma el Dom Jun 29, 2014 11:55 pm

Otra vez, Akn deseaba poder sonrojarse, porque lo que decía el paladín, de verdad le llegaba "hondo", la hacía sentir bien el hecho de que alguien se preocupara por ella. No le importaba si la protegían para aprovecharse de ella o para quedar bien, solo era el acto de hacerlo con alguien tan extraño como ella y por mucho que le repitieran una y otra vez que era agradable, tenía demasiado metido en la cabeza que no. Se llevó ambas manos a las mejillas y cerró los ojos sonriente, menudo chico tan encantador. Por estar ida se perdió la primera frase, pero no era nada relevante viendo lo que seguía contando. A pesar de eso, Akn seguía sin opinión sobre la Diosa, pues ella no había sido su creadora y no le tenía ni el más mínimo cariño que el que tendrían otros seres, orgullosos de vivir en un nuevo mundo purificado por ella.

-Ya, entiendo.- Respondió firme, con un par de dudas en la cabeza. Si según él "apareció" por ahí ¿Dónde estaba antes? A lo mejor con el exterminio de la raza anterior, el mundo hubiera sido creado de nuevo y él fuera del anterior. Akn siempre se armaba sus historias con ciertas lagunas y carencias de sentido, pero no era más que una tapadera para poder encajar algunas piezas de forma forzosa sobre la identidad de sus conocidos. -Y se supone que antes... ¿Tú? ¿Qué era de ti?- Preguntó mientras se alejaban tranquilamente. Parecía que todo iba tan bien y entonces fueron descubiertos. -Noo... Que va, estábamos dando un paseo.- Dijo ella, tan efusiva, fingiendo ofensa por la acusación ajena. Aunque pareciera una broma, a ella le había servido más de una vez para salir de una situación tan rara como lo era esta.

-¡Me parece fatal lo que dices! ¿Es que no puedo pasear con él?- Soltó cierto orgullo mezclado con una molestia perfectamente fingida, como si llevara años y años practicando para el papel de su vida en un drama. -¿Es porque soy rara? ¡Discriminación! ¡Debería darte vergüenza!- Tiró del ángel para marcharse, aunque seguramente hubiera empeorado las cosas, no podía evitar ser así y la razón de que todo le saliera tan creíble, era porque le ponía entusiasmo y sentimiento, casi lo decía completamente en serio. Además, lo mejor de todo y que conocía, por supuesto, es que nadie se esperaría una respuesta así, es más, cualquiera hubiera reaccionado intimidado, en vez de hacer como si fuera su santa madre. Akn quería irse, le daba bastante miedo esa antorcha, que podía provocarla bastante daño y no podría curar al ángel si la tocaban. Le parecía muy bien que fuera su guardaespaldas, pero era raro quedarse detrás de él mientras peleaba. Escapar sola no tenía sentido cuando podían marcharse los dos y si eran perseguidos, Akn se conocía muy bien esto y podía pegarse al techo con Alph pegado.
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