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Just a meet make people think || Priv Sephiroth - Seiran

Mensaje por Chitose el Vie Jul 25, 2014 10:37 pm

¿Cómo había reaccionado al sabes que su consejero, aquel ser emplumado que lo hacía pensar en pollo -que prácticamente lo era, solo le faltaba poner huevos y ya podía ir al mercado- había salido volando y no sabía cuándo infernos volvería? Pues... no le extrañó tanto, en realidad. Además, seguramente quería vacaciones, el poooobre pobre pollito. Ya le había enseñado lo suficiente del arte del escape. ¿El alumno había superado al maestro? ¡Ja! Seiran, a pesar de que esta vez, nunca superarás a Chitose y su capacidad de evadir a personas y responsabilidades en general. Lo de evadir personas sonaba mal... aunque Seiran parecía más cerrado que él mismo. O bueno... también era bastante amable con las personas. ¿Qué opinión debía tener? ¿Un pollito que ha salido del nido con las alas rotas? Quién sabe. ¿Se iba a poner a reflexionar sobre el ángel? Si tenía que analizar a ese sujeto, le daría para bastante tiempo, y además, seguramente fuera un dolor de cabeza, así que mejor apartarlo. Probablemente volvería a la semana y le miraría con una mueca molesta y o cansada de la vagueza del monarca, y digamos que el mundo,tras menos de un minuto de parada al recibir la noticia, "volvió a girar".

El monarca volvió a lo que era su rutina. Al despertar a su clavícula estaba como nueva, y se sentía mucho mejor. Lo que lo sumía en la desesperación era la montaña de papales que se había acumulado. Pero, por una vez en... muchísimo tiempo -por no decir que nunca lo había hecho- Se sentó en la silla, y comenzó a ocuparse de aquel papeleo. Maldito pollito... "Seiran, cuando llegues a Safir, te espera papeleo, ya sabes que sí, teme" decía para sus adentros. No es que le tuviera rencor al ángel... pero dejarlo solo en el campo de batalla era injusto, ¿no? -aquí imagínese a un chibi Chitose llorando en su mesa de escritorio con papeles por toda la habitación, rellenando papeles, firmando, sellando-. Lo preocupante era el empeño que le ponía al trabajo... Tenían que llamarle, y hasta la puerta era derribada para recordar al rey que tenía que comer. Fue una semana dura... pero, Chitose, ¡lo lograste! Por una vez en lo que llevas de reinado, ¡no hay nada en la mesa! Mira que se le podía considerar ateo, pero por un momento, sintió como si un rayo de luz entrara por la ventana a propósito. ¿Sería la Diosa felicitándole? Daba igual. Después de una semana entre papeles -los que quemaría como en ese momento trajesen más, que seguramente los del palacio estaban atemorizados por la reacción que habría- por fin saldría de su habitación.

Lo primero que hizo fue darse un baño, comer apropiadamente, y como un alma que lleva el diablo, salió del palacio, y extendió sus brazos hacia arriba, respirando aire que no estaba viciado. Si aquello fuera un sueño, entonces deseaba disfrutarlo. Si era la realidad, más lo haría. No habia estado años encerrado, solo una semana, pero aun así, Primero se dedicó a dar un paseo por las calles, llevándole primero, irónicamente a la catedral. Una sonrisa divertida se formó en sus labios, y prosiguió su camino, ignorando la santa edificación, que para él, casi que no tenía significado. Luego, pasó por la taberna. A pesar de que le solía gustar lo animado que usualmente estaba el lugar, en ese instante no abrió las puertas y entró, sino que pasó también de la puerta. Lo que al monarca le llamó la atención fue un puesto entre todas las tiendas: la de las verduras y frutas. Sus ojos se fijaron en cada alimento que se vendía. Sin embargo, cayó en la tentación de las manzanas. Eso le recordó las bobozanas que tenía en el palacio, y no se las había traído para el camino. Tenía tanta prisa que... Cuando levantó la cabeza para pedir manzanas, vio que la mujer ya le estaba mirando sonriente —¿De  nuevo a por manzanas?

—A ha ha ha —una risa leve salió de su boca, y se rascó la nuca— ¿Tanto se me nota? —la mujer soltó una pequeña risa por lo bajo—Bueno, siempre que pasas te llevas algunas, por lo que es fácil de deducir— lo que decía era totalmente cierto. ¿Existía alguna criatura que se alimentara a base de manzanas? Si la había, un retrato suyo estaría pintado en la página del libro. Tras una pequeña conversación entre la tendera y él, pagó por las manzanas, y las metió en la bolsa que llevaba. Ya era casi costumbre el llevarla a todas partes. Alegre,  comenzó de nuevo a vagar por las calles sin destino fijo, pero con manzanas, podía recorrer la ciudad entera muchísimas veces sin darse cuenta. Haber, lo que tenía: Botella de sake, manzanas. Sí, todo lo necesario para disfrutar del día, sí aquel olor no hubiese llegado a su nariz. Carne a la brasa. ¿Qué glotón podía llegar a ser? Pero aun así... No puedo evitarlo. Entró en el establecimiento y se llevó lo que se diría una brocheta. La boca se le hacía agua. En poco tiempo llegó a un banco de la plaza, se sentó y ahí comenzó a comer. Cómo imaginaba, ¡estaba delicioso! Aunque aquellos animales que cazaba en el bosque no estaban malos. Si los cocinabas bien, te salía riquísimo.

Dio un sorbo a su bebida, y cerrando la botella, la dejó a un lado, pero lo que no esperaba, era que un can cogiera la botella por la parte posterior con su dentadura —¡Hey, quieto ahí! —con tan solo decirlo, el perro se paró en el sitio, no muy lejos, y en cuanto el perro se giró para desafiar con la mirada al rey, este ya se había acercado a él, y comenzó a forcejear por la botella—¡Suuuueeeeeeelta! —Cambiaron de posición varias veces, pero al final, quedaron cara a cara, cansados de forcejear, y Chitose apoyó su frente en la del perro— ¿Quieres más pelea? —el perro seguía gruñéndole, pero entonces, vio la carne en el banco, y soltó la botella rápidamente, para coger aquella deliciosa brocheta. El rey dio una gran zancada justo cuando le iba a incar el diente, y lo agarró, hasta que cogió la brocheta alejándolo del perro, sin posibilidades de que pudiera llegar a la brocheta. Ambos se miraban desafiándose mutuamente, pero Chitose suspiró cansad— Mira, si quieres la brocheta, "esto" —agitó ligeramente la botella— me lo dejas en paz. Pero no entera, no te creas— primero subió la brocheta, y después hizo que el perro mirase la botella, y al negando. Repitió este proceso varias veces, hasta que por fin, el peero se sentó en el banco, esperando ahora a que él mismo se sentara.Divertido, lo hizo, y sacó una pieza de carne, dándosela al perro, y acariciarle la cabeza —Sí que eres un tipo listo. ¿Quieres que te lleve conmigo?~ —sonrió, y así, prosiguió bebiendo, y compartiendo la brocheta con aquel perro, en aquel banco de la plaza.

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