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Mensaje por Daenerys Scodelario el Jue Jul 03, 2014 8:53 am


• Seeking The Stolen Object •


Bosques cercanos al Reino de Ruber
Con Vestus


Corría por un bosque de manera desesperada, no sabía a donde se dirigía, donde estaba o de que huía, solo sabía que debía seguir corriendo, correr y correr por aquel sitio que se le hacía tan familiar y que al mismo tiempo la hacía sentir tan pequeña. Tras de ella su hermana menor sujetaba fuertemente su manos mientras daba saltos casi sin tocar el suelo para poder seguir los pasos de Rys, quien podía sentir como sus cortas zancadas no la dejaban correr a la velocidad que quería, mientras su respiración cada vez se aceleraba más y se daba cuenta de como el cansancio se apoderaba de su cuerpo a cada paso que daba hasta no poder avanzar más, sin importarle cuanto había corrido, siguió haciéndolo hasta estar segura de que estaban a salvo, de que Jo, su pequeña hermana lo estuviera. Soltó su mano por un momento mientras recobraba el aliento que había perdido en el camino pero cuando se dio vuelta para ver a su hermana ella ya no estaba, entonces toda la flora a su al redor comenzó a crecer de forma veloz hasta impedir que cualquier tipo de luz nocturna entrara. Cuando toda la luz terminaba de desaparecer la joven despertaba y cada vez que se dormía aquel sueño volvía a atormentarla en una larga noche de pesadillas.

Al amanecer, el sol aparecía nuevamente en la ciudad de Ruber, iluminando poco a poco cada rincón de la ciudad causando que las ya altas temperaturas siguieran aumentando a medida que pasaban los minutos. Un rayo blanco de luz pudo atravesar la formidable capa de distintas telas que la joven albina colocaba en la ventana simulando una cortina para que justamente esto no ocurriese. Un molesto resplandor que perturbo el sueño de la joven vampiresa, la cual sintió este suceso de igual forma como si le hubiesen tirado un vaso de agua en el rostro. En contraste con su raza, Rys, era muy tolerante a la luz del día pues había vivido toda su vida siendo un ser diurno a la par de la mayoría de los ciudadanos, pero esto no quitaba el hecho de la molestia que le producía aquello que era tan común para todos.

Con una mueca de molestia Rys giro sobre sí misma en su cama y se cubrió con las frazadas intentando obtener unos cuantos y anhelados minutos de sueño, cosa que le fue imposible. Tampoco estaba tan convencida de querer vivir por novena o décima vez la misma pesadilla de aquella noche así que simplemente decidió levantarse e ignorar aquello. Hoy no era un día bueno para la albina, era el aniversario de la muerte de sus padres acontecimiento que para ella ya no era tan relevante pero que era la fecha perfecta para que su subconsciente le hiciera malas jugadas.

Ya arreglada y lista para partir, Rys, se dirigió a la salida de la ciudad, acordándose de pasar antes a comprar un racimo de flores blancas que serían su ofrenda del año. Salió como de costumbre de la ciudad adentrándose lentamente por los bosques que había recorrido una, otra vez y otras tantas cantidades de veces en sus sueños, lugares que habían sido encarnados una cantidad contable, pero no menor, de veces en las pesadillas que había tenido que soportar aquella noche. Al final del inexistente camino que seguía como si estuviera claramente marcado se podía observar como un claro de luz se hacía paso entre los árboles y dejaba al descubierto un pequeño mausoleo de colores claros, el cual parecía estar abandonado a causa de las distintas enredaderas que crecían a su alrededor.

Pero este año algo era distinto en aquella excursión,  al acercarse observo como las enredaderas en la puerta de reja no se hacían presente en tal magnitud como en años anteriores, al notar aquello dejo caer las flores a un lado y apresuro el paso a ver qué ocurría, ya estando a centímetros de la puerta pudo percatarse de que esta estaba abierta. Habían forzado la entrada, pero ¿Quién quería entrar a un mausoleo?. La joven alvina entro como cada año hacia a la tumba de sus difuntos padres y hermana, pero a diferencia de otras veces en esta ocasión esta en busca de alguna anomalía, lo cual le resultaba algo complicado al ser un lugar el cual visitaba una sola vez al año, contrario a esto pudo darse cuenta fácilmente que si había algo fuera de lugar: habían sacado una piedra que se encontraba al final de la pared, lugar que había dejado paso a una pequeña cámara en la cual la joven albina ocultaba la espada que era perteneciente a su abuela, objeto que claramente no se encontraba en su lugar.

La albina se sobresaltó por un momento y ágilmente corrió hasta la entrada de aquel santuario pero no fue hasta que llego la reja que se dio cuenta de que no tenía por donde comenzar a buscar aquella reliquia que significaba tanto para ella. En ese instante comenzó a analizar mejor las cosas con más cuidado, mientras se dirigía a recoger las flores que con anterioridad había dejado a un lado. Ellas habían caído sobre el pasto por lo que no recibieron mayor daño, la joven se agacho a recoger las y una vez las tuvo en sus manos empezó a analizar cualquier posibilidad, cualquier forma o esperanza que tenia de encontrar aquel objeto mientras enfocaba la mirada en un punto fijo, momento en el que se percató de un leve reflejo de luz de algún objeto que se ocultaba no muy lejos de ella entre las hiervas y arbustos. Con un poco de curiosidad y otro poco de impaciencia la joven se dirigió hacia aquel objeto desconocido con la ilusión de encontrar una pista de algo que la lleve a su espada, pero fue una sorpresa para ella el encontrarse con un pequeño altar el cual se encontraba a solo unos pasos de la tumba de sus padres.

Al ver como su única esperanza no fue de su ayuda y de manera inconsciente, realizó una pequeña oración. –  Si de verdad existe un Dios, por favor, ayúdame a encontrar la espada de mi abuela. –



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