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Sáb Jul 26, 2014 7:40 am por Sephiroth


Whether that be hell or a land of nothingness | Priv.

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Whether that be hell or a land of nothingness | Priv.

Mensaje por Seiran el Dom Jun 22, 2014 9:37 am

Había sido su culpa, todo lo sucedido seguía siendo su culpa aun ahora, se había dejado llevar por sus sentimientos aun cuando sabía que ese hecho, bajo ningún concepto debía suceder, sabía lo que significaría utilizar en demasía sus poderes en aquél momento, con su cuerpo demasiado debilitado. Fue por eso que no soportó más, observó al rey de Safir, movió sus labios en un despido y con sus últimas fuerzas movió sus alas hasta poder volar por los cielos, ya nublados en oscuro. No le molestó el tiempo más que su propia consciencia. Había prometido proteger Safir, era la persona más cercana al rey y aun así, no pudo hacer más que causar problemas, por otro lado, las palabras que el creador le había pronunciado seguían retumbando en su mente sin sosiego, como si quisieran grabarse en fuego para que jamás sean olvidadas... Su corazón no juraba lealtad a nadie... Eso ya lo sabía. Aun así, quizás por su propia amabilidad, su debilitad, seguía sintiéndose culpable hasta los huesos por lo que allí, en la caverna sucedió y quizás ese mismo sentimiento de culpabilidad fuera aquél que le dio la fuerza necesaria para alejarse del reino que había jurado proteger pero que, por su desgracia se vio obligado a desistir. Pensó poder aguantar un poco más, poder llegar a la ciudad vecina, escapar de los confines de Safir, pero, como se había temido no soportó más el simple hecho de volar. Se vio obligado a descender a tierra firme, entre unos bosques imponentes y finalmente, tocar tierra firme. Su mano se apoyó en el tronco de uno de aquellos árboles y, sin mucho pesar dejó caer su cabeza hacia abajo con su respiración demasiado entrecortada, al punto de ahogarse él mismo.

Dio un paso hacia atrás y volteó de forma en que pudiera terminar apoyado contra el árbol a su lado, dejando que fuera el mismo apoyo aquél que le impedía caer al suelo. Su mano derecha, lentamente, se extendió hacia el frente en un ligero temblor, sus cadenas en cambio, aun seguían lánguidas colgando por sus brazos, casi como si jamás se hubieran comportado de forma parecida a estar vivas. En su mano, un círculo mágico se creó y en cambio, Seiran sonrió al ver que aun le quedaba fuerza para aquél pequeño truco. Un mensaje fue grabado sin poderse ver y, con el viento fue surcando los cielos en dirección a Safir. No podía ¿Cierto? Dejar al rey tendido en el suelo, sin que nadie sepa donde encontrarlo, por eso mismo advertiría las guardias y se aseguraría de permanecer despierto hasta que llegara a su destino. Si hubiera permanecido en el castillo, habría podido descansar lo necesario para recuperar todos sus poderes, debilitados desde un principio por su ausencia del cielo, por su cuerpo en el fondo aun congelado después de milenios. Una extraña sonrisa se esbozó en sus labios y no esperó mucho más, dio unos pasos al frente y luego siguió por el camino que antes parecía estar siguiendo. Sus alas, terminaron por volver a desaparecer en su espalda, como si, realmente jamás hubieran existido y solo dejando a su alrededor grisáceas plumas que demostraban su destino cercano. Ignorando la oscuridad del cielo y el olor a lluvia que podría significar su inminente caída, siguió avanzando en el oscuro bosque a pasos ligeros, callados, pero también cansados e inciertos, eso, hasta que se vio obligado parar una vez más, volviendo a apoyar su mano en el tronco de un árbol y jadear en silencio.

El silencio se apoderó del bosque y sin poder evitarlo, tambaleó, cayendo de rodillas al suelo, pero, no podía simplemente volver a incorporarse y eso mejor que nadie lo sabía. Únicamente permaneció allí, se agachó hasta permanecer sentado sobre sus propias piernas y dejó descansar su mano sobre su regazo, en un cansino gesto. Así, finalmente cerró sus orbes bicolor y se relajó. Aun cuando sus pensamientos no dejaron de ahogar su mente, intentó callarlos, pues nada podía resolver el problema que se había formado con solo pensarlo más y más. Una vez más la luz se reflejó en sus ojos y, desviando la mirada a las cadenas que habían a su alrededor bastó una simple orden para que volvieran a enrollarse a sus muñecas y brazos, sin causarle ningún daño. Pronto, incluso su respiración se fue acompasando y la siguiente vez que abrió sus orbes supo que su deseo de seguir avanzando era imposible de realizar, al menos, hasta que no habría descansado un poco y fue así que terminó por esbozar una irónica sonrisa, quedando sentado en el suelo y apoyado contra el árbol, levantando su mirada hasta el cielo o al menos, aquello que las hojas de los árboles le permitían ver de él. ¿Lo odiaba? Quizás, no podía decir que su lealtad quedaba en el creador y Él, eso ya debía saberlo. Pero, Safir tampoco era un reino al que realmente había encontrado gusto servir, se estaba dado cuenta que todo había sido auto convención y puro deseo de querer cumplir con una promesa, nada más que eso. Sus orbes amenazaron por cerrarse una vez más por el cansancio, mas por pura fuerza de voluntad aquello no se vio realizado. El silencio, por segunda vez se apoderó del bosque, tan ligero, pero a la vez tan profundo, que lentamente comenzó a ser aterrador, mas deliberadamente fue ignorado y su mente, una vez más vagó sin encontrar sosiego en el vasto silencio.   
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Re: Whether that be hell or a land of nothingness | Priv.

Mensaje por Sephiroth el Dom Jun 22, 2014 10:38 pm

Había logrado salir…por fin estaba fuera de aquel que durante tanto tiempo había sido su hogar…su único punto de partida. Los pasos, algo tambaleantes, se interponían uno a uno con cierta lentitud causada por un cansancio que caía sobre el cuerpo del demonio. Acababa de luchar contra sus compañeros…contra sus conocidos. Los había destrozado, demacrado… nada quedaba de aquel lugar que podía ser su único lugar para haber vuelto. Todo se había visto reducido a cenizas manchadas de sangre…al igual que sus ropajes. El color carmesí bañaba su abrigo, de la misma manera que sus botas parecían adquirir el único tono sangriento en vez de permanecer del negro que tendría que ser. Ni siquiera su cara, aquella cara tan lejana de parecer un demonio, había sido protegida por las gotas de ese líquido ferroso que habían danzado en aquel escenario que había sido la rebelión de Sephiroth. La rebelión del soldado perfecto…o supuestamente.

Sus pasos se detuvieron para poder apoyar su hombro izquierdo contra la dura y rígida corteza de un árbol. ¿Dónde estaba? ¿Por qué había acabado en aquel lugar? Aquellas preguntas parecían vagos susurros en su mente, completamente destrozada por la información que hacía poco tiempo había llegado a sus manos…y a su conocimiento. Madre…traición…injusticia…sufrimiento…dolor…decepción…odio…

Todos aquellos pensamientos destrozaban aún más los pequeños resquicios de cordura que el albino intentaba mantener casi con desesperación. Su ala, aquella ala oscura como la noche que parecía descender sobre el lugar, seguía pudiendo apreciarse en su hombro izquierdo como resultado de todo aquello que le estaba dañando…caída, casi rozando el suelo, unas cuantas plumas azabache cayeron con suavidad al suelo, como si el viento las acariciara a su paso antes de depositarlas con cuidado en terreno llano. En su mano derecha seguía portando su arma, la cual se arrastraba dejando una marca recta sobre el suelo.

Jadeos, dolor, respiración profunda, agujas en su mente….todo aquello parecía componer una compleja melodía de agonía en él, y con un gesto de pura frustración, golpeó con su puño libre el árbol, haciéndolo temblar ante la fuerza de ese desquiciado demonio. Su mirada entrecerrada parecía maldecir todo aquello que llegaba a su vista, mas…sólo necesitaba tiempo para reponerse.

Los minutos pasaron lentos mientras su respiración se controlaba de nuevo y su mirada volvía a adquirir ese brillo frío que la caracterizaba, aunque…el agotamiento no se había desvanecido de su cuerpo. Así, cuando comenzó a proseguir, su hermosa pero maldita ala negra seguía a la vista, rozando el suelo con el extremo de la misma, mientras su espada permanecía dejando rastro de su paso con una línea inestable. Paso a paso…iba avanzando, sin volver a detenerse…sin tener en cuenta el aspecto demacrado y sangriento que ofrecía. Paso a paso…seguiría avanzando.

De esa manera, recorridos los suficientes metros como para no poder llegar a ver aquel anterior árbol en el que se había detenido, su mirada captó una figura sentada en el suelo. Había alguien… ¿por qué? En ese momento, todos aquellos pensamientos que había logrado controlar volvieron a desatarse. Todos muertos… todos destrozados… matar… destruir…tenía que destruir.

Su ala se agitó con suavidad, logrando alzarle lo justo para poder acercarse en un suave planeo a aquel que estaba apoyado en el árbol con tranquilidad…con demasiada tranquilidad. Su mano se alzó junto con el arma aún manchada de sangre, y su mirada brilló momentáneamente con el mismo sentimiento sangriento de aquella pelea…mas se apagó tras unos escasos segundos.

Ya estaba fuera…no necesitaba destruir más. Era libre, no tenía nada de que defenderse o deshacerse… ¿por qué matar entonces a aquel calmado chico que se encontraba frente a él? Lentamente su mano descendió, acabando por terminar a un costado de su torso de la misma manera que el arma dejó de ser una amenaza para el desconocido que se encontraba allí. Sólo…le miró. No había ya odio ni locura en su mirada rasgada. Tampoco sorpresa o desconcierto. Sólo…una impasibilidad. Una fría y férrea impasibilidad.

-¿Qué haces aquí?- fueron las únicas palabras que salieron de sus labios, graves y monótonas, como si nunca hubiera pasado nada…como si la locura no hubiera llegado a invadir nunca su cuerpo y mente.


Última edición por Sephiroth el Sáb Jul 05, 2014 3:23 pm, editado 1 vez
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Re: Whether that be hell or a land of nothingness | Priv.

Mensaje por Seiran el Lun Jun 23, 2014 5:22 pm

Así fue como todo encontró su final. La historia que un día había comenzado a escribir con sus propias acciones anhelaba de toda alma poder cerrarse, olvidar y abrir un nuevo libro, carente de los pecados anteriormente cometidos. Los seres humanos, aquellas criaturas tan parecidas al creador, carentes de poderes, armadas de una gran mente, ellos solo tenían la capacidad de escribir una vez, sus penas y pesares jamás se verían borrados y sin poder evitarlo su libro sería olvidado en una gigante biblioteca, su nombre, jamás vuelto a pronunciar de la misma forma. Él, junto con todos los demás seres inmortales... Estaría bien si pudieran volver a empezar, mas quizás no justo. Sus orbes se entrecerraron aun más, hasta el punto que la luz dejó de reflejarse en aquellos ocelos de diferentes colores, ahora, demasiado oscuros, faltos de vida, vidriosos, opacos. Destino cruel que esperaba a seres inmortales, a veces, se preguntaba si no estaría bien simplemente cesar con él. ¿Egoísta? Quizás. Cansado de ese sin fin de remordimiento, como una hiriente cadena sin fin, deseó con todo su corazón si es que poseía uno... poder volver atrás, cambiarlo todo, saber que, su consciencia estaba suficientemente legada a él como para no poder el control, ver como, una vez más sus seres queridos caían bajo sus manos, por su culpa. Un ángel rebelde, que había dado la espalda a su creador, al hermoso mundo del cielo, alguien qué, desde un principio había sido demasiado alejado a los de su raza y que, solo en aquél momento se daba cuenta. Un silencioso suspiro de desesperación escapó de lo más hondo de su ser y, finalmente sus párpados se cerraron por completo, en silencio. Plegarias, solo eso... Pero... ¿A quién llegarían estas si no a su creador? Su respuesta, ya le parecía clara.

La luz ya había desaparecido de él, desde hacía mucho, quizás demasiado tiempo... En el que no se había percatado o quizás, no lo había querido hacer. La oscuridad, siempre lo asustó, aun cuando su pálido rostro adornado con una inquebrantable y tranquila sonrisa dejara entender otra cosa. ¿Espíritu indomable? Mentira. ¿Fuerza propia de un ser celestial? Otra mentira más. Las personas, tenían el mal hábito de dejarse engañar por las apariencias, olvidando la real fragilidad del objecto, que de por si, llevaba escondido entre capas y capas de pura mentira, tan agria, que en el fondo lastimaba el alma. En el silencio y la amargura de sus pensamientos, una presencia se hizo notar a sus sentidos, sus orbes de diferentes tonalidades se abrieron y, con extrema calma desvió la mirada a un lado. Una sombra, eso apareció ante su cansada vista, una sombra que empuñaba una espada. ¿Le mataría? ¿Incluso si él era un ángel, ser inmortal por ley divina? Si era así, quería ver su forma de terminar con su vida. Pero las cosas cambiaron, notó la sombra del arma bajar y su percepción, lentamente mejoró. Dejó de ser simplemente una sombra más para dejar ver un hombre más corpulento que él, seguramente también más fuerte, de cabello blanco y... Sangre. En sus facciones, el desagrado se relejó, pero no tan poderoso como usualmente solía ser. Las palabras graves y monótonas fueron las siguientes, preguntándole aquello que, el mismo querubín llegó a pronunciarse... ¿Qué hacía allí?. De su faz el desagrado pronto desapareció, extraviado como llevado por el viento. La mano que descansaba sobre su regazo, pasó a tocar tierra firme y, con un poco de esfuerzo pudo incorporarse, lentamente, sin tambalearse en el proceso.

Lo mismo podría preguntarte a ti.— Pronunció con tranquilidad, avanzando acompasados y tranquilos pasos hacia él, sin mostrar temor en sus ojos bicoloro, aun cuando el otro estaba manchado de sangre, aun cuando el otro poseía una ostentosa espada que incluso podría atravesar su cuerpo y así, demostrar que estaba equivocado, terriblemente equivocado y que, incluso un ángel podía morir. ¿Anhelo silencioso? ¿Deseo callado? Incluso él estaba dudando acerca de ello. Aun así, solo paró a pocos pasos de él. —¿Estás herido?— Un simple susurro que escapó de sus labios. ¿Ingenuo? Quizás, pero aquellos que le conocían sabían que la misma amabilidad la mostraba ante un ángel, de forma igual ante su contraparte, así de simple y a la vez peligroso. No sabía distinguir si la sangre era por heridas o por haber matado y, en el fondo, lo que más ansió es que pudiera existir algo de por medio, imposible y aun así, se aferró ciegamente a esa imposibilidad. Lentamente, su mano izquierda se levantó en movimiento lento, dirigida a la mejilla ajena. Suavemente, a la par que sus acciones, incluso el aura que pertenecía a magia blanca comenzó a hacerse presente a su alrededor, aunque eso significaría utilizar aun más su magia ya de por si extenuada. ¿Qué pasaría al sobrepasar su límite? No lo sabía, simplemente paraba por inercia, un comando asumido. ¿Serviría para cesar con su dolor? Si era así, no tenía más que intentarlo, aunque sabía que bueno no era. ¿A qué se debía su repentino atrevimiento por acercarse tanto a un desconocido? Simplemente el sutil hilo que dividía su moral se vio quebrado. Solo eso.      
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Re: Whether that be hell or a land of nothingness | Priv.

Mensaje por Sephiroth el Lun Jun 30, 2014 7:32 am

Desagrado. Fue lo primero que pudo apreciar en aquellos iris de tonalidades similares, pero diferentes uno del otro del joven que estaba con él. Desagrado… ¿acaso tan horrible parecía? ¿Se había acabado por volver un monstruo al cual apreciar como si fuera una aberración? Aunque esa mirada parecía tener ese sutil sentir, para el inferno albino fue como recibir una bofetada a la realidad. Realmente era un monstruo…un objeto creado sólo para matar y destruir…y aquello había sido demostrado hacía no demasiado, y esa sangre que aún reposaba sobre su persona era la firma de lo ocurrido. Su mirada se entrecerró, ocultando bajo la fría calma que reflejaba sus orbes azulados aquella alteración en su interior, pero no tardó en volver a abrirse un poco al percibir como el de cabellos oscuros se intentaba levantar, quizás con cierta dificultad, y se acercaba a él. Y esa misma pregunta que acababa de hacerle volvió a su mente, haciendo que se la preguntara a sí mismo. ¿Qué hacía allí? Huir. ¿Por qué estaba allí? Por tomar una decisión por sí mismo, y no dejarse vencer. ¿Cómo había acabado todo así?

Todas aquellas preguntas que había acallado a base de completa autocontrol y esfuerzo, volvieron a él como cadenas que le arrastraban de nuevo a lo más hondo y oscuro de su mente, y su…mirada, sencillamente se cerró. Estaba dejándose llevar de nuevo por aquellos pensamientos…por aquellos sentimientos que volvían a empañar su estar. Traición…sufrimiento…dolor…injusticia… Todo aquello volvió a salir a flote, dejando que su ser fuera el que actuara como ancla y se hundiera más y más… Pero todo pareció silenciarse en su cabeza al escuchar esa pregunta formulada en un susurro suave.

¿Herido? Sería una tontería decir que estaba herido su cuerpo… pero tenía una herida más grave y profunda que cualquiera que se pudiera realizar con un arma… tenía quebrantada su mente. Todo aquello que pudiera haber pensado desde la perspectiva de un soldado con honor había desaparecido de su mente. Sólo quedaban rastros de aquello en lo que había creído… rastros que como una punta de clavo oxidada e infectada, se clavaba en su alma, expandiéndose como una enfermedad.

Por aquello, abrió su mirada para observar a aquel que parecía estar apiadándose de su persona, pero justo en el momento en el que su mirada pudo ver el rostro del chico, otra cosa llegó a aparecer en su campo de visión. ¿Era una mano? Lo siguiente que sintió… fue esa mano apoyarse en su mejilla. Suave como quien acaricia la superficie del agua para no alterarla. ¿Por qué hacía eso? Su mirada se abrió más de lo normal escasos instantes tras haber sentido ese gesto debido al desconcierto y al… ¿alivio? No se describiría con aquella palabra pero… por un momento no se había sentido como un monstruo que sólo debía obedecer y destruir aquello que le mandaran. No se había sentido como un mero objeto al que usar. Aquella amabilidad ajena… ¿era verdadera? ¿No era una ilusión que su mente había creado? Y tal y como había llegado de inesperado ese gesto del moreno…pudo sentir una suave calidez envolviéndole como un reconfortante descanso… ¿era magia? ¿Magia curativa? Al sentirla, no dudó en dar un paso atrás. No la necesitaba… no le era necesaria aquella magia tan inversa a la propia…a su propia persona en sí.

Sin decir una palabra, miró fijamente al contrario a los ojos. Aquella mirada… le resultaba melancólica. ¿Cómo pudo percibirlo? Porque alguien que oculta sus sentimientos bajo una capa de escarcha….es capaz de intuir cuando una persona intenta cubrir lo mismo. ¿Absurdo? Quien sabe… pero aquella sensación no se desvaneció de su mente mientras estuvo observando aquellos ojos bicolor. - ¿Por qué? –fue la única pregunta que salió de sus labios en un susurro. No necesitaba decir más…sólo quería saber por qué tras todo lo que le había ocurrido… llegaba esa persona y le trataba así…sencillamente…era absurdo.


Última edición por Sephiroth el Sáb Jul 05, 2014 3:24 pm, editado 1 vez
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Re: Whether that be hell or a land of nothingness | Priv.

Mensaje por Seiran el Vie Jul 04, 2014 3:33 pm

Frunció el ceño. Quizás estaba siendo egoísta, quizás egoísta lo había sido desde un principio, desde el principio de los tiempos. Quizás estaba mal y eso no lo habría tenido que ser desde un principio. Quizás era su perdición, el pecado capital para los seres creados de luz. Pero, si era así, significaba que el egoísmo existía incluso antes de la creación del ser humano, entonces ¿Donde había quedado el juramento del creador? ¿Quizás perdido a mitad camino? Quizás el ser egoísta estaba mal, pero ningún ser por muy cercano a Dios que fuera no deseaba tener que sufrir y volvía a ser egoísta, pero, pensando que los demás compartían aquél simple deseo siguió adelante. Quizás... Quizás se estaba poniendo demasiadas dudas y estaba ofuscando su visión, quizás la realidad se encontraba ante sus ojos y él, era simplemente incapaz de verla. Verdad escondida entre capas y capas de mentiras, tan perdida que siquiera el mismo creador de ella era incapaz de encontrar. Se vio desesperado, al punto de dejarlo pasar, al punto de olvidar que existía tal verdad, pues en el fondo vivía mejor con mentiras, era más fácil, mentir hasta el punto de auto convencerse de que era realidad. De que no había mentira en ello, pero, demasiado bien lo sabía. Sus ojos se encontraron inesperadamente y el silencio se formó, el anterior soplar y cantar de los pájaros pareció tener un momento de revelación y el silencio se apoderó de todo. Su mirada bicolor se perdió en la ajena, como si intentara descubrir lo más escondido de su corazón, un deseo provocado por mera inercia que desde hacía tiempo había ido realizando. El silencio se quebrantó con un nuevo sisear y su cabello, demasiado largo, comenzó a ondear a compás.

¿Por qué?— Volvió a pronunciar, bajando su mano en cuanto el ajeno rompió el contacto y, simplemente dejó caer su brazo a un costado de su cuerpo, sus cadenas se balancearon, golpeándose entre si hasta realizar un sutil sonar y luego, el silencio volvió a morar en aquél bosque, a parte del sisear de las hojas y el cantar de los pájaros. —Me pregunto por qué...— Añadió, ladeando a un costado su rostro con una complicada sonrisa, difícil de entender, de explicar, únicamente, aunque careciera de sentimientos, a su vez no estaba vacía, ni reflejaba un espejo, mucho menos mostraba maldad o la bondad propia de un ser divino, únicamente... Una sonrisa necesaria, más no forzada, una simple paradoja, aun cuando no debería de existir. Dio un paso hacia atrás y paró de golpe, entrecerrando sus orbes, su poder, hacía ya tiempo que se había apagado, extinguido, las heridas no le pertenecían a aquél muchacho así que, supuso que la sangre no debía de ser suya y aun así, no le desconcertó tanto como de costumbre era. —Pensé que estabas herido... Que necesitabas ayuda...— Pronunció, enderezando su rostro, ensanchando suavemente, casi de forma imperceptible, su ya presente suave sonreír. ¿Decir sus reales intenciones? ¿Un vil acto que sería realizado por desesperación? Seguramente otro pecado más sería añadido a su lista, no pronunciaría palabra acerca de ello, de su deseo oscuro, escondido bajo velos y velos de sonrisas, de meras palabras vacías, carentes de significado, así de simples y complejas a la vez. No deseaba ser salvado, en el fondo no quería hacer cargar a los demás con algo que él mismo debía cargar. En cambio, estaba dispuesto a ayudar si se le diera la oportunidad.

Un ligero temblor recorrió su cuerpo, infundiéndole frío del cual no debería de cargar, tanto por el clima como por la ropa que cargaba encima. Su vista dio vueltas y él cayó de rodillas al suelo sin poder evitarlo, con una mano se apoyó en el mismo y esperó que su vista se calmara, que el paisaje dejara de dar vueltas como si de golpe todo se moviera. Cuando eso pasó, esbozó una amarga sonrisa y volvió a fijar su mirada en el ajeno, mas no se movió de su lugar. Había utilizado demasiado de su magia, aun cuando sabía que con aquél cuerpo manchado por pecados le sería cada vez más complicado hasta que sus propias alas se verían manchadas por la oscuridad del inframundo, al igual que las ajenas. —Eres... ¿Un ángel caído?— Preguntó, parpadeando antes de cerrar sus orbes y ladear a un costado su rostro, haciendo caso omiso del peso que cada vez caía más sobre él, como un inquebrantable yugo del cual sería incapaz de escapar con tanta facilidad. —Puedes llamarme Seiran.— Y aun sabiendo todo ello fingió inocencia, fingió no percatarse de cada, fingió inocencia, ingenuidad, fingió todas cosas buenas, fingió ser un ángel que aun no había probado el dulce aroma del pecado, fingió todo lo que no era, aun cuando las cosas estaban demasiado claras. Era un mentiroso, no podía negar, pero a la vez, en sus acciones no existía una pizca de maldad, erradicada, aun cuando sus alas estaban manchadas ya por los pecados, escondidas a ojo ajeno, a ojos propios.
    
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Re: Whether that be hell or a land of nothingness | Priv.

Mensaje por Sephiroth el Lun Jul 07, 2014 7:17 pm

El murmullo del aire llegó a su compañía como un imprevisto invitado, y dos cascadas completamente inmersas entre ambas parecieron danzar al son de ese invitado. Una cascada morena ondeó de manera suave en el cabello excesivamente largo del joven de ropas claras, mas la más corta y blanca del demonio pareció acompañar a la otra en ese compás generado solo entre siseos y susurros que a saber qué significado tendrían en realidad. Y aún así…no desvió durante ese momento la mirada de la ajena, de aquella mirada que parecía querer saber…que parecía ansiar respuesta a tantas preguntas…a tantos sucesos… ¿tan diferente era de la rasgada del albino? ¿Qué era lo que había en realidad en ambas miradas?

Entre aquel murmurar del viento llegó un sonido agudo y sutil, un sonido metálico causado por el descender del brazo contrario. ¿Cadenas quizás? Y aún así… su pregunta no fue respondida directamente, si no devuelta de manera indirecta. ¿Por qué? ¿Por qué había llegado él de la nada y le había tratado como una persona más…no como un monstruo ni una máquina? ¿Por qué? Su mente, ya de por si agrietada, seguía haciendo circular esa pregunta por cada recóndito lugar de su cabeza como aquel viento que aún parecía ser su visitante. Pero no tardó en llegar a sus oídos algo que podía parecer esa respuesta. - ¿Por qué ofrecerle ayuda a un desconocido que no muestra ni un rasgo de bien? –murmuró con suavidad, como si temiera que todo fuera a desmoronarse si alzaba más su voz, mas su rostro seguía siendo una eficaz mascara… bella pero fría como mármol, no dejaba escapar ningún sentimiento, ni siquiera su mirada dejaba escapar de aquellos orbes rasgados y como jade ningún tipo de indicante de que algo podía estar ocurriendo en su interior, en su mente.

Mas pareció que algo si quiso hacer realidad ese temor de su susurro, y acabó siendo el mismo joven el que, tras un estremecimiento, pareció desvanecerse su fuerza y caer al suelo como un títere sin cuerdas que le sujeten. ¿Debería devolverle el favor? ¿Debería devolver aquella amabilidad que ese extraño le había ofrecido? Unos segundos pasaron hasta que el contrario pareció tener fuerzas para poder mirarle, pudiendo a su vez apreciar esa sonrisa. Aunque la pregunta que cruzó la distancia entre ellos llegó a sorprender al albino. ¿Un ángel caído? Mentiría si dijera que no tenía nada en su sangre de esa raza, mas… no, el no era un ángel. Ni aun manchado de pecados podría llegar a decirse que era un ángel… él era un demonio, un inferno… un ser que además fue criado para destruir y generar el caos en el campo de batalla.

Por ello… y tras escuchar el nombre que le había ofrecido el chico de cabello oscuro, decidió romper con ese destino que le habían impuesto. No iba a destruir más… por una vez no iba a convertirse en un ser que pudieran catalogar de monstruo. Por ello… su ala se extendió a la par que una de sus rodillas quedaba apoyada en el suelo con suavidad, y como un manto oscuro, esa ala cubrió parcialmente el alrededor de aquel que aún seguía en el suelo. Y con un suave ademán, su mano, aunque aún sucia de esa marca sanguina que cubría su cuerpo, se extendió hacia el contrario. – En ese caso no desfallezcas, así podré pronunciar tu nombre –sus palabras salieron fluidas de sus labios mientras le observaba, aunque seguían siendo graves y frías…se podía intuir el significado de ellas: que no le dejaran solo en ese momento, que no le abandonaran a la locura…que no le dejaran convertirse en un monstruo.
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Re: Whether that be hell or a land of nothingness | Priv.

Mensaje por Seiran el Miér Jul 09, 2014 12:19 pm

¿En qué mundo tan frágil habían caído ambos? Palabras cuidadas, pensadas detenidamente, miedo que todo caiga sobre ellos como un cristal roto, miedo a que su alma sangrara aun más de lo que lo estaba ya haciendo. En eso al menos, podía estar seguro que se asemejaban. Roto su deseo no le quedaba nada más ¿cierto? Pero la pregunta ajena le tomó por sorpresa, durante vagos minutos mantuvo silencio, pensando en una respuesta que pudiera ser tomada como válida... Pero... ¿Por qué lo había hecho? En el fondo nadie era culpable, siempre lo había hecho por decisión propia. Había matado, mentido, realizados demasiados males sin un propósito cierto. Quizás se estaba transformando en un monstruo, un ser oscuro que de luz no tenía nada, quizás lo había hecho para poder compensar sus crueles acciones, pensando que si la amabilidad era dada... Su oscuridad seria perdonada, pero aun seguía allí, presente en su manchado y sucio cuerpo. Un suspiro escapó de sus labios, quizás lo había hecho solo para desaparecer. —¿Por qué?— Repitió en silencio, entrecerrando sus orbes de diferentes tonalidades antes de continuar. —No tengo un motivo... Solo lo hice por qué quise...— Manchada de tristeza su sonrisa se ensanchó ¿cuándo había olvidado la felicidad de aquellos días de antaño donde todo era luz? Su propia luz se había ido oscureciendo, perdiéndose en las sombras que lentamente comenzaban a ser más fuertes que él mismo, que sus poderes de luz, que su propio creador. —... Un capricho...— Añadió en un quedo susurro a la par que sus ocelos se cerraban por completo. Ya no le importaba no poder volver a ser lo que antaño fue, el pasado lo olvidaría, aun cuando su mente estuviera demasiado manchada por los recuerdos.   

No le desagradó el frío que del otro emanaba, aquella peligrosa presencia que en un principio le había hecho dudar pero que luego simplemente dejó de lado, olvidado. ¿Qué había en su mente? Pues más allá que suposiciones nada llegaba cierto a él, sus sentimientos, su real pesar y aun así, durante quedos segundos se preguntó si él sería el último al sentir su respiración. La fuerza le había abandonado para poder seguir adelante, se había pedido en la oscuridad y la culpa. una invisible mano estaba tirando de él hacia el abismo. Simplemente se vio sin fuerzas, de rodillas al suelo y su mirada fija en la contraria, sin justificación alguna, como desde siempre lo había sido. Moverse no necesitaba de pensamiento y a veces, los pensamientos, las palabras pronunciadas y las acciones cometidas también eran realizadas por inercia. Pero estaba demasiado lejos de la verdad, demasiado lejos del sol y eso, debía de acostumbrarse a ello, pues estaba seguro que atrás nunca podría volver. Le sorprendió ver al otro agacharse a su lado y aquella oscura ala cubrir parte de su paisaje, ambas manos se apoyaron en el suelo y sus orbes, abiertas de par en par observaron al otro, su mano extendida. ¿Por qué lo estaba ayudando? ¿Por qué ese sentimiento que le recorría era tan peculiar? Quizás no se había dado cuenta hasta aquél momento, que su deseo era tan simple como que alguien entendiera su dolor, que sus palabras no fueran cargadas de alegría, que no sea un simple "Levántate" o "Todo estará bien" pues hacía tiempo había dejado de hacer efecto en él. Aun así la duda brilló en sus orbes con intensidad. Él que siempre había avanzado por su cuenta ¿estaba bien que ahora se apoyara en alguien más para levantarse? Con ironía sonrió.

No lo haré... No por algo tan simple...— Su pálida mano salió de entre su amplia manga y se extendió hacia la ajena, aun cuando las cadenas de sus muñecas volvieron a caer suavemente hacia abajo, tintineando entre ellas sin caer del todo al suelo. Eran extrañas y la memoria no le permitía recordar desde cuando innumerables cadenas sutiles cruzaba por completo su cuerpo, al menos, su cabello, manos y torso, quizás, desde un principio eran parte de él. En un suave gesto su mano se apoyó en la contraria y, sin mucho pesar en ello apoyó su otra mano en su propia rodilla y se levantó lentamente, apretando levemente la mano contraria en cuanto, una vez de nuevo en pie, el paisaje a su alrededor amenazo por volver a bailar a su alrededor y, aun cuando por unos segundos el paisaje ante sus ojos se volvió negro, solo fue cuestión de breves segundos antes que todo volviera a la normalidad, lentamente y fue entonces que su mano se alejó de la ajena en un suave movimiento. —Gracias...— Fue su suave susurro, antes de volver a posicionarse en frente a aquél de oscura ala. —Aun no conozco tú nombre.— Con sutileza ladeó a un costado su rostro, con cierta inocencia tintada en sus orbes. ¿Qué haría ahora? Seguiría adelante, sin prestar atención si su camino le llevará a la oscuridad o la luz del mundo, aun cuando, el seguir avanzando solo no le parecía una idea tan agradable y aun así, nadie le impedía que durante segundos, minutos, quizás horas o años se quedara quieto en un sitio, descansando para luego seguir. ¿Qué le depararía el destino?     
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Mensaje por Sephiroth el Mar Jul 15, 2014 7:01 pm

Capricho… esa palabra que tantas cosas podía significar, y que el albino casi desconocía. Capricho…realmente… ¿qué era un capricho? ¿Un repentino deseo hacia algo…o más bien un anhelo que podía llegar a salir de lo más profundo de un ser? Los dos únicos caprichos que el albino había tenido se habían convertido en cenizas…en agrios recuerdos… ¿acaso esa ayuda que quiso darle al contrario también generaría un nuevo destrozo? ¿Debía de confiar de nuevo en aquello que quería hacer, aunque la duda carcomiera su mente?

Mas aunque hubiera querido apartarse y dejar ese gesto de lado en el olvido…fue demasiado tarde. La mano contraria se apoyó sobre la suya con suavidad junto a un característico tintineo del resonar de las cadenas que parecía tener el de cabellos oscuros sobre sus muñecas, y de aquella manera se incorporó el otro, usando su mano de apoyo, y de esa misma manera, el inferno también se levantó. Realmente… ¿estaba bien aquello? ¿No iría a traerle consecuencias después? ¿No iba… a volver a ocurrir una tragedia? Pero al sentir esa suave presión sobre su mano cuando el otro pareció desestabilizarse un tenue sentimiento cruzó su cuerpo. ¿Alguna vez le habían agradecido algo que hubiera hecho? ¿Alguna vez alguien había confiado en él y haber sido el apoyo del mismo? Millones de preguntas se agruparon en su mente, igual que los millones de finos y afilados fragmentos de su memoria que parecían querer organizarse sin un sentido aparente.

Su oscura ala volvió a posicionarse donde debía de estar, tras su espalda, aunque seguía siendo perfectamente visible… un apéndice que indicaba la sangre que corría por sus venas…que indicaba quien era y porque era así. ¿Acaso ansiaba la luz, deseando estar en aquel lugar del que desterraron a su madre…realmente anhelaba aquello? Ninguna respuesta acudió a su mente mientras sus orbes de aquella peculiar tonalidad de jade se fijaban en el contrario… fría y dura…y frágil. Cuando dejó de sentir el contacto de la mano del contrario sobre su propia mano, dejó que cayera, inerte, a un costado suyo, dejando que aquellas palabras lanzadas en su susurro por el de iris bicolor llegaran a sus oídos. Su nombre… no creía que mereciera la pena decirlo… y aún así, escapó de sus labios. – Sephiroth… -susurró con suavidad mientras sus párpados se cerraban lentamente y su rostro se desviaba hacia un lado. ¿Estaba rehuyéndole la mirada? No… era sólo una breve huida a sí mismo en su interior. No quería recordar… no deseaba que esos recuerdos volviera a asaltar su maltratada mente… no quería desmoronarse…

Su puño se cerró con cierta fuerza a pesar de que su rostro siguiera siendo como una máscara de porcelana, mas…. No tardó en volver a dirigir su rostro y su mirada rasgada al contrario. ¿Qué decir ahora? Los dos seres no tenían ni idea de que hacían allí, no habían respondido a la pregunta del contrario… y aún así allí seguían, uno enfrente del otro… con todas las cargas de cada uno pesando sobre sus hombros, con todo el sufrimiento acallado a gritos en su interior… ¿podrían llegar a parecerse en ese aspecto? Quizás… alguien llegara a conocer todo el horror que había logrado desmoronar la conciencia del aquel demonio de ala única… y alguien pudiera ponerle fin a aquella demencia que amenazaba con vencer a su autocontrol… solo quizás…
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Re: Whether that be hell or a land of nothingness | Priv.

Mensaje por Seiran el Dom Jul 20, 2014 11:35 am

¿Qué seguiría ahora? Se había acercado demasiado a alguien, una vez más, quizás una vez más significaría su caer, perder aquél ser con el que legaría lazos y ver como su propia existencia causaba sufrimiento. Aun cuando su mirada delataba tal calma, como una gran extensión de agua, falta de mareas, pero, ¿quién era capaz de ver en su interior? Aquél ferviente temor a perder algo, una vez más, a significar la fin de ese algo, con sus propios poderes, perdidos de control... Como antes había sucedido con el rey de aquél resplandeciente lugar... Oh... ¿Lo habrán encontrado? Su hechizo aun no se había diluido, por lo que supuso que no. Pero en aquél momento había dejado de preocuparse por él, por los demás, por el mismo cielo o el infierno mismo... Desde su creación no había hecho más que quebrantar vidas y esperanzas, sueños de un mañana mejor... Era culpable de todo, la culpa no podía recaer sobre alguien más que si mismo... ¡Por eso no odiaba al creador! Porque se consideraba él mismo culpable... Tanto que no tenía sentido volver y manchar el cielo... ¿Entonces por qué? ¿Por qué había destruido la única persona que había podido calmar su alma? ¿Su horrible destino? ¿Una cruel maldición?. Ser celestial manchado por luz divina, acunado en terciopelo y flores... Quizás habría sido mejor nunca despertar de aquél sueño, no haber conocido la amistad, no haber aceptado aquellas manos que se extendían hacia él durante tantas veces, porque como la peste un simple toque causaba su destrucción.

Pero allí estaba él, había aceptado aquella mano ¿Acaso también manchado con un destino incierto pero que a la muerte llevaba? Quizás deseara llorar, pero por algún extraño motivo las lágrimas se habían perdido, quizás secado, pero lo cierto era que no había vuelto a aparecer desde hacía mucho... ¿Cuánto? Siquiera él lo recordaba con seguridad. En cuanto el nombre escapó de los labios ajenos la linea de sus labios se curvó ligeramente en una pequeña sonrisa. Sephiroth... Lo que parecía no saber era que el acercarse a él antes o después le llevaría a la desgracia, pero, ya desde un primer momento ambos se habían perdido en una telaraña de la cual complicado era el escaparse. Pero, como si ya lo supieran ninguno de los dos estaban dispuestos a alejarse... O quizás esa era únicamente la percepción del ángel de alas manchadas. —¿Qué te lleva por estos lares, Sephiroth? ¿También estás escapando?— Sin preocupación alguna pronunció aquellas preguntas, como si eso fuera la cosa más usual del mundo. No se acercó a él, tan solo dejó que las largas mangas de su vestido ocultaran por completo sus manos. ¿Por qué no seguir con ello ya que lo habían empezado? ¿Por qué no mancharse aun más de pecados? Ya que las cosas comenzaban a moverse, estaba bien llegar hasta el fin de las mismas, hasta el extremo de olvidar por completo el principio de todo.

Los segundos pasaron, demasiado lentos, demasiado quietos y callados... El silencio se formó entre ambos y aun así, la sonrisa tan falsa como verdadera del ángel no cesó de existir, siguió presente, hasta el extremo de dejar de conocer si era real o no, mezclada con locura, cansancio acumulado desde el principio de los tiempos. —Hay un lago cerca de aquí... Podrías limpiarte allí.— En cambio, él podría descansar, podría cerrar sus orbes durante instantes, sin dejarse vencer por su cansancio pues que su ser desfalleciera significaría que toda la magia que seguía manteniendo activada se vería cesada junto a él. Dio un paso hacia atrás antes de dar media vuelta y dirigirse hacia la maleza del lugar. Su mano se levantó, encontrando descanso sobre el tronco de un árbol y, volteando su mirada para ver a su nuevo acompañante sonrió de lado, adentrándose entre árboles y hierba sin preocupación alguna. —Es el camino más rápido.— Pronunció, parando allí sus pasos en espera que el otro lo siguiera. ¿Cómo sabía todo aquello? Conocía a la perfección los bosques cercanos a Safir, porque principalmente era allí donde pasaba gran parte de su tiempo, cuando ningún deber le esperaba en la corte, como el consejero de un rey que poco había llegado a querer.


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Mensaje por Sephiroth el Sáb Jul 26, 2014 7:40 am

¿Por qué no se había alejado de aquel chico? ¿Por qué había caído de nuevo en ese cruel juego que era estar junto a alguien? El conseguir lazo afectivos solo generaba sufrimiento…quizás una efímera felicidad… ¿pero valía tanto la pena como para proseguir con aquello? ¿Realmente valía la pena volver a pasar por lo mismo? El demonio era un ser renegado en ese momento. Sabía que si descubrían donde estaba no tardarían en buscarle para volver a llevarle al infierno…o directamente le matarían. Como un mero desperdicio… como el experimento fallido que había acabado por resultar, como un objeto roto que ya no tiene utilidad alguna, al igual que aquella mente colapsada y que solo por fuerza de voluntad lograba mantener a flote entre aquella invasión de alterables sentimientos, aunque su rostro seguía frío e inexpresivo. ¿Qué ocurriría en el momento en el que aquella fina máscara se quebrara? ¿También quebraría su intento de contenerse? Quizás volviera a generar otra desgracia a su alrededor… quizás fuera suficiente para generar una calamidad. Y aun así… sentía que aquello no ocurriría. Su cuerpo ya estaba marcado con los rastros de la muerte y su mente estaba agonizante… ¿qué más males podrían esperarle? En el caso de que hubiera alguno… no dudaría en que peor de lo que había ocurrido no sería.

Y aún así… ese chico seguía hablándole. Ese hombre de largos y oscuros cabellos seguía pretendiendo estar a su lado… ¿acaso no estaba viendo que aquel de una sola ala que aún era completamente visible en su espalda como un oscuro abismo llevaba la marca de la muerte en su cuerpo? O solo la estuviera ignorando… pobre aquel que cubre sus ojos con una venda de ingenuidad, aunque el propio Sephiroth no era quien para decir nada. Ocultando todos sus pensamientos bajo aquella misteriosa y penetrante mirada rasgada, tras aquella fría e indiferente expresión… ¿quién acababa por ser más ingenuo? Su mirada se entreabrió para clavarse en la ajena, intentando buscar el sentido a todo aquello, intentando hacer un llamado a la lógica y coherencia, aunque en vano. ¿Escapando? Quizás quisiera escapar…aunque en ese momento solo era de sí mismo. – ¿Eso significa que tú estás huyendo? – murmuró con su grave y fría voz, aunque solo estaba evadiendo esas preguntas. No quería ni siquiera replanteárselas en su cabeza. ¿Debía seguir? ¿Pretendía seguir y volver a caer en aquello que era estar en compañía de alguien? No quería estar solo… en ese momento no podía permitirse estar solo, probablemente su mente volvería a colapsar ante aquellos pensamientos dementes que aún cruzaban su mente como finas agujas. ¿Entonces lo estaba utilizando? – Por otra parte… -susurró en un tenue tono de voz, desviando su mirada con lentitud hacia sus manos que acababa de alzar, observando aquellos rastros de sangre ya seca sobre su cuerpo. Si…estaba huyendo, pero no de aquello que más temía.

El silenció pareció acaparar la atención de todo aquello en dicho lugar, dejando que los gritos agónicos del interior del albino crearan una sinfonía de completa desesperación, angustia y locura, mero ruido con un gran significado… aunque solo era capaz de intuirlo el inferno. Por otra parte… apreció aquella sonrisa ajena. Aquella peculiar pero inerte sonrisa. Vaga y cansada sonrisa que pretendía esconder demasiadas verdades tras ella, como la indiferente expresión del demonio. Una amarga carcajada flotó en su pecho, mas sin llegar a salir del mismo, quedándose sólo como un amago de sonrisa en los finos labios de aquel de plateadas hebras, y al escuchar que cerca había un lago solo comenzó a caminar, a paso lento mientras observaba el cansado andar del contrario, mas al ver como se apoyaba en el árbol y le dirigía una mirada de soslayo, su propia mirada se entrecerró con suavidad. ¿Acaso ese chico pertenecía a algún lugar cercano a donde se encontraban? Y aún así…no preguntó nada. No dijo nada… solo se limitó a seguirle… a dejarse guiar, pretendiendo a su vez encontrar el camino en su interior…pretendiendo huir de la demencia.
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